Cuesta cogerle el punto a Yo te quise más. Su prosa ágil y su estilo directo apunta, en un principio, hacia un relato un tanto limitada a los cánones de una especie de autoindagación atribulada. Cae en algunos momentos de una oscuridad algo forzada, usa recursos literarios con poco recorrido (como la repetición de ciertas frases o la aparición de personajes malditos) y, en general, puede percibirse como una mirada ligeramente aparatosa e incomodante a un universo particular, el de los ambientes gays en la América de los 80.

Pronto estas sensaciones se desvanecen. Porque en todo esto hay cero artificio. La sinceridad y honestidad del relato se imponen a cualquier sospecha sobre su forma que, ojo, termina siendo impecable. En cuanto los conflictos reales hacen acto de presencia todo el exhibicionismo queda en calculada máscara que encierra todo un racimo de sentimientos auténticos, de dolores eternos y de amores turbulentos. Los que mantienen el trío protagonista, dos hombres y una mujer: Ben, profesor de literatura del prometedor Hank, de quien se enamora. Un Hank quien por su parte lucha contra sus propias dudas identitarias y encuentra en Ruth una compañera vital. La misma Ruth que, a su vez, ejercerá de compañera y presunta amante de Ben.

Tom Spanbauer, que ya vertió mucho de su propia biografía en la deslumbrante Ahora es el momento, ejecuta aquí un doloroso ejercicio de desnudez reflejándose en Ben, su propio alter ego que se debate entre su imagen pública y su amor a dos bandas: el afectivo, encarnado en Ruth, y el sensual (y real), personificado en Hank. Este último constituye con Ben el corazón emocional de esta historia donde hay unión pero donde especialmente pesa la ausencia. El sida hace acto de presencia y el relato entra en una desarmante debacle de enfermedad donde la dignidad lucha por imponerse y donde el afecto entre esos dos perros viejos lucha por no diluirse por culpa de la separación. Observar el paso del tiempo reflejado en Ben, en su trabajo, sus relaciones sociales, su propia decadencia física, resulta en un viaje de una intensidad emotiva tremenda. Y al final, a pesar de las bravatas y el descaro, del concienzudo efectismo y el carácter de nuevo ensayo sobre la Gran Novela Americana, Yo te quise más se erige como una historia de amor y pérdida pura y eternamente emocionante.

[Consulta aquí el resto de títulos de nuestra lista de lo mejor de la década]