Siempre es interesante conocer los inicios más o menos balbuceantes de lo que hoy son nombres consagrados. Especialmente si son del calibre del canadiense de oro Seth, una de las figuras más importantes del actual tebeo, ejem, “alternativo”. Y más aún si esas páginas tienen un aire marcadamente autobiográfico, que nos permita no sólo trazar una línea estilística y temática en la evolución de la obra desde entonces sino también conocer sus circunstancias vitales. El presente tomo, editado con primor -como siempre, vamos- por Fulgencio Pimentel recopila un par de historias (la homónima y Dichosa la hora, ambas de principios de los 90, momento en que iniciaba Palookaville) que muestran a un Seth, a un Gregory Gallant, muchísimo más ligado a las líneas más o menos básicas del underground norteamericano. Dos historias de iniciación que presuntamente marcaron el paso de Seth a la edad adulta y que contienen los ingredientes habituales en este tipo de historias: curros de verano, amores con personas más experimentadas, experiencias traumáticas generadas en la búsqueda de la identidad. Son historias más directas y sencillas que sus recientes experimentos, dibujadas con un trazo más tosco y con mayor tendencia a la caricatura, pero con composiciones notablemente logradas y una narrativa clara y precisa, desprovista de artificios e inteligente en el planteamiento de sus objetivos. Lo cual representa una lectura cuyo interés no se limita exclusivamente a los fans del autor sino a cualquiera que guste de este tipo de historias, directas y poco pulidas, pero innegablemente entretenidas y capaces de conectar con un punto emotivo en el que es fácil reconocerse. Por otro lado la edición se acompaña de un librito de pequeño formato que recopila otras seis historietas breves a color que se salen un poco por la tangente en lo temático pero terminan de completar la perspectiva: antes del existencialismo de bolsillo de La vida es buena si no te rindes, antes de la sabia arquitectura emocional de Ventiladores Clyde, antes de la sofisticación narrativa de George Sprott, antes de todo eso Seth ya era un autor a tener en cuenta.