Pues menudo pelotazo se han sacado de la manga los de Amazon. No es que tuviera que sorprendernos, viniendo de Raphael Bob-Waksberg y Kate Purdy, dos de los responsables creativos de BoJack Horseman. Pero… bueno, sí, nos ha sorprendido. Porque la sorpresa es la reacción primordial que trabaja Undone, serie animada mediante rotoscopia (la misma técnica que utilizaba Richard Linklater en A Scanner Darkly), donde la realidad es una materia mutable, volátil, impredecible y sujeta a cambios. Por lo menos la de Alma, la protagonista que permanece en un estado de desastre con patas desde que su padre desapareció en su adolescencia, y quien de repente y tras un accidente de coche, empieza a descubrir que puede manipular el tiempo. Ello deberá ayudarla a esclarecer las circunstancias de la muerte de su padre, cuya imagen se le aparece para asesorarla.

Aun encuadrarse en una especie de corriente de semi ciencia-ficción existencialista, Undone se mantiene lejos de ser un producto extremadamente cerebral y hermético. Combate sus propias tendencias pedantes con su mejor arma, la honestidad y la sinceridad. Parece una propuesta más cerca de Michel Gondry y de Charlie Kaufman que de los Nolan. Y se toma la molestia de cimentar su impacto sentimental no tanto en sus ideas locas de fantasía y en su lisérgica puesta en escena como en las vivencias de los personajes, con Alma como centro empático. Un personaje -excelentemente interpretado por la muy al alza Rosa Salazar– tan complejo como la fragmentación narrativa en la que vive inmersa, tan humano como cualquiera que quiera sentirse identificado con la parte más mundana de su periplo: lidiar con el aburrimiento vital, con el trauma, con los complejos y la desconexión de su propia familia, su madre y hermana a las que quiere pero de quien se siente a millas de distancia.

Undone es, pues, una considerable voladura de cráneo en lo argumental. Una formidable delicia en lo visual -las transiciones entre las localizaciones, tiempos, realidades y ensoñaciones son increíbles-. Pero, sobre todo, un placer incalculable en lo emocional. Un verdadero triunfo de la forma y el fondo.