Un personaje masculino ausente y una mujer, recientemente divorciada de él, que pretende lidiar con el vacío, esclarecer las circunstancias de la desaparición y reubicarse en el mundo, ahora sin su compañía. El argumento ha sido usado infinidad de veces en la ficción, pero Katie Kitamura pretende atajar sus apolilladas implicaciones relacionadas con la representación femenina: al contrario de lo que suele pasar su protagonista no se autosignifica ni toma peso como mujer a través del hombre. Tiene suficiente presencia y cuerpo como para ejercer de protagonista absoluta y, en una feliz inversión de papeles, es su ex quien está al servicio de la construcción del personaje. De paso la escritora norteamericana pone en crisis los conceptos de “la otra mujer” o “la esposa posesiva” usando las mismas herramientas: la descripción psicológica poliédrica y detallada de una mujer en un viaje en el que ese exmarido (y su madre, y sus probables amantes) ejerce de mero macguffin. Se divorciaron meses atrás y él se fugó a Grecia. Una vez desaparecido le toca a ella buscarlo. Pero la búsqueda, obviamente, resulta ser interior.

Kitamura compone un relato a medio camino de lo cómico y el thriller, con razonables puntos en común con Te querré siempre, de Roberto Rossellini, que tiene su acción en una especie de hotel-limbo situado en Europa y escenario de las ruinas de lo romántico. De eso hay en esta novela. Del peso de un pasado convertido en ruinas. El viejo continente se convierte en escenario de grandeza, pero también de decrepitud, sobre todo en un territorio especialmente rico en legado histórico, pero también sumido en una decadencia más próxima en el tiempo: incendios que empiezan ahora a reconstruirse, destrozos del patrimonio víctima del activismo comunista.

La autora arma una novela trepidante desde la pura introspección, reconstrucción dolorosa y desasosegante de una toma de control de la vida propia. Parte el relato por la mitad con un giro esperable pero poderoso y no deja callar a una protagonista cuyo monólogo le sirve para entonar lúcidas reflexiones entorno al deseo, el resentimiento, la infidelidad, la mentira, la pérdida, la pena y la libertad. Engañosamente sencilla, calladamente contundente.