Teoría del doppelgänger a lo bestia. Si todos tenemos una réplica perfecta en algún lugar del mundo el documental Tres idénticos desconocidos sube la apuesta para relatar el bizarro -y real- caso de tres gemelos que fueron separados al nacer y luego, de adolescentes, se reencontraron casi por casualidad. Ninguno de ellos sabía de la existencia de los otros dos y pronto se convirtieron en un fenómeno mediático, en presencia habitual en todos los programas televisivos más populares de América y en asiduos de la noche neoyorkina de principios de los 80. Tres celebrities a su pesar pero encantadas de haberse encontrado y que pronto se dieron cuenta de que eran casi una misma persona en tres cuerpos distintos.

El director Tim Wardle narra la peripecia con un pulso envidiable. La suya es una película sobre el reencuentro, la fraternidad y la necesidad de encontrarse con los seres que no sabíamos que amamos. Un enérgico retrato de la juventud, la familia, de las ganas de vivir y de estar en el foco de la opinión pública. Un documento ágil, entretenidísimo, formalmente ecléctico (imágenes de archivo conviven con entrevistas y recreaciones) y muy vitalista.

Hasta que deja de serlo y todo vira hacia algo más… oscuro.

Porque en cuanto empieza a mostrar sus cartas Tres idénticos desconocidos evidencia que es, en el fondo, un thriller más que una comedia y un relato que usa las herramientas de la ficción más que un documental puro. Y eso pone un poco en entredicho el enfoque del asunto. La emoción que genera el producto es genuina, pero no está exenta de cierta sospecha: los giros de guión están muy bien colocados, los personajes generan en el espectador las reacciones extrañamente adecuadas en cada momento, el aparato formal siempre es muy atractivo.

Y de eso termina viviendo la película. De los twists locos, debemos confiar que reales. De buscar la reflexión -entorno al libre albedrío o el condicionamiento, la dicotomía genética vs. educación y los límites de la investigación científica- más que dejar que se genere por sí misma. De desplegar, con milimétrica precisión, una historia cuyo interés se justifica solo. Y con eso debemos quedarnos. Con que es esta una película que más que reflexionar entorno a la identidad propia (la última sugerencia es un tanto grandilocuente) prefiere ser un buen entretenimiento de ficción con coartada real. Uno que nos muestra el circo mediático de la vida americana, tan capaz de unir a las personas como de despojarlas de esperanza.

[Lee aquí otra crítica de Tres idénticos desconocidos]