Mientras los usuarios de Forocoches deciden en dialéctico combate singular hacia adónde debe decantarse el muy cani debate de cuál es el mejor videojuego de disparos en primera persona, si los Battlefield o los Call of Duty, Titanfall 2 se cuela por la puerta de atrás y reclama su pedazo de pastel en la fiesta. Las otras dos franquicias parecen cortar el bacalao, claro. Presuntamente (chorradas) o se es de uno o se es del otro. Pero más de uno se quedó prendado hace un par de años cuando aquella nueva licencia de Respawn irrumpía en el sector con sus propuestas frescas que replanteaban conceptos reciclados, y ahora a ese más de uno le toca ponerse a descorchar champán. Y ojo, tampoco es que este sea el colmo de la sutileza y la sofisticación, siendo un FPS de formas tan brutas como suelen ser los demás (mención a parte merece, eso sí, la finura formal de Battlefield 1). Pero de algún modo, y ya lo digo ahora, bajo su abundancia de clichés, su puñado de mecánicas previsibles y su falta de identidad visual Titanfall 2 emociona. Pero bien.

También debo ser sincero: soy ese extraño tipo que juega a un juego con vocación de multijugador… y prácticamente no toca el online. Lo que significa no catar todo el potencial del título y obviar la parte para la que fue pensado desde un principio. Sí. Pero personalmente, valoro mucho más una buena campaña en solitario, un “modo historia” potente. Es lo que me pone y lo que me motiva. Y la de Titanfall 2 es puro mimo. Así que ya suelto otra advertencia: muy bien el multijugador, ciertamente maravilloso lo que he podido probar de él. Pero aquellos lectores que quieran más o menos medirle la temperatura al de Titanfall 2 tendrán que buscarse sus reseñas en otro lado.

Retomo. Y decía pues que esta es una campaña cuidada. Mucho más que de costumbre. Porque los tipos de Respawn han dedicado esfuerzo no tanto a diseñar una historia sorprendente -echamos de menos un poco de originalidad- como a construir una narrativa que implemente unas mecánicas casi siempre acordes a esa historia. Que, ya me disculparán, es lo que debería ocurrir SIEMPRE. Y sí hay mucho tiro, mucha arena con boss final más o menos previsible y algo de plataformeo. Y también se vuelve a echar mucha mano de algunos recursos y mecánicas que ahora son habituales en los shooters de ambientación futurista: doble salto, carreras por las paredes. Salto-granada-disparo-caída con melee. Cierta repetición aquí y allá. Claro. Pero también hay momentos de pleno al quince, como el episodio (brillante, brillantísimo diseño de nivel) en el que el escenario se construye ante tus malditas narices, en una cadena de montaje de casas prefabricadas, y el juego se puede permitir el lujo de dar al traste con la horizontalidad y la verticalidad. O ese otro en el que doblegamos las leyes de la cuántica para saltar entre dos líneas temporales a nuestra conveniencia, en un ejercicio de escenarios paralelos no totalmente original pero sí maravillosamente implementado. Momentos, ideas alucinantes que garantizan una permanente renovación del enfoque que hace que en casi todo momento Titanfall 2 se sobreponga a esa amenaza de monotonía y resulte divertido, emocionante e imprevisible.

Todo ello soportado sobre un apabullante acabado técnico que marca músculo en todo momento, un aparato sonoro bombástico y una banda sonora de primera fila. ¿Demasiado espectáculo? Podría ser. A decir verdad a menos que se le suba la dificultad casi al máximo, el juego supone un reto mínimo. Se trata de sentarse a gozar de un blockbuster trepidante, frenético, con un tempo perfecto y una ambientación inmersiva. Pero me permito insistir. Porque a pesar de la interminable pirotecnia, del intimidante circo audiovisual… Titanfall 2 es un juego con corazón. Principalmente gracias a la relación que se establece entre el piloto y el titán. Es decir, entre tú y el exoesqueleto con inteligencia artificial que pilotas y con el que te comunicas. Una simbiosis emotiva no exenta de cierta mística ni tampoco de un ocasional sentido del humor motivado por las interacciones, en forma de breves diálogos, de los dos personajes. Hombre y máquina unidos en el juego gracias a una mecánica que a ratos es puro Half Life 2. Aquello de montar un vehículo hasta el momento en que tienes que apearte de él para abrir caminos que sólo un humano podría abrir. Mágica empatía.

Así que me temo que de cara a fin de año va a tocar revisar balances. Porque hasta ahora -y recuerdo que hablo sólo del modo campaña- en 2016 el shooter en primera persona tenía un nombre. Y ese era DOOM. Titanfall 2 no gasta su macarrísima socarronería, tiene un diseño de niveles menos intrincado y su repertorio de recursos -modificaciones de armas, coleccionables- es más limitado. Pero su trabajo de la emoción es completamente distinto. Más profundo, si se quiere. Sea como sea, un videojuego excelente que devuelve toda la dignidad a un género con tendencia al desgaste.