Desde que Image empezó a publicarla en Estados Unidos, hace ya tres años, hasta que finalmente ha visto la luz en nuestro país The Wicked + The Divine ha tenido tiempo de llegar, vencer y convencer, de fraguar un culto a su alrededor y de, finalmente, convertirse en una de las obras más anheladas por el fan español de a pie. No es de extrañar, dado el tiempo que ha tardado alguien en decidirse a publicarla (en este caso ha sido Norma), pero menos aún dada la calidad de la obra. Lo cual tampoco sorprende, teniendo en cuenta de que esto proviene del equipo creativo formado por Kieron Gillen y Jamie McKelvie, dúo de quien ya conocemos aquella fabulosa (mini) etapa en Jóvenes Vengadores que tanto fuelle “meta” dio a la iniciativa Marvel NOW!. Aquí los autores acometen el mainstream de forma un poco distinta: abandonan los ramalazos de experimentación formal, pero también la asepsia moral que siempre comporta firmar para una editorial como Marvel. En The Wicked + The Divine se ponen directamente blasfemos y convierten al mismísimo Lucifer -transmutado aquí en una andrógina Luci- en el puto amo del meollo. Un personaje arrasador (a ratos literalmente) que conforma un improbable tándem con una mindundi británica adolescente que se ve absorbida hacia un pifostio sacro: en esencia, una trama donde varios dioses se han hecho humanos en la Tierra -en forma de popstars, chupaos esa- y Luci ha, bueno, ha hecho lo que mejor sabe hacer. Gillen mezcla furor adolescente, rock, arranques de gore cafre, cliffhangers petardos, piromancia e imaginería satánica. Lo barniza todo de una capa reluciente de McKelvie (su dibujo sigue siendo muy académico en expresividad y planificación, pero también resulta preciso, diáfano y atractivo) y empaqueta, con ello, una de esas series que entran a primera vista y milagrosamente saben aguantar su propio empuje a base de echarle morro, sí, pero también inteligencia narrativa. Puro Image. Así que sí, culto.