En raras ocasiones entra el sol a iluminar los muebles de la casa de Nick Cave. Pero lo de Skeleton Tree ya es excesivo. Bien, cuidado. Pero es que pocos discos este año me han sumido en un estado de tristeza tan profundo como este. Parte de la culpa la tiene su background, claro. Esto no sonaría igual de no haber sido grabado en las circunstancias en las que ha sido grabado -documentadas en la película One More Time With Feeling-: bajo la terrible influencia del dolor por la muerte de un hijo. El autor de Let Love In lo perdía hace unos meses, (perdonad por la frivolidad del cliché) en trágicas circunstancias. Y ojo, que muchas de estas canciones habían sido escritas antes del suceso, pero ahora, con el disco grabado, ambos hechos son indesligables. Penetrar en la mente de nadie es un asunto espinoso. Más en sus sentimientos más profundos. Pero si tenemos que atenernos a lo escuchado en el disco, parece que Cave ha querido exorcizar sus demonios, despedirse en condiciones y encarar la muerte desde una perspectiva aún más cercana y personal. Y no olvidemos que ese era hasta ahora un tema muy presente en su obra. Así como el dolor mismo, Skeleton Tree es un disco duro y conmovedor. Pero también resulta en una obra minimalista, austera, que apuñala desde su desnudez formal. Los Bad Seeds siguen en plena forma, por supuesto, pero aquí apenas hay rastro de la opulencia musical que son capaces de demostrar. Mucho menos de los ramalazos de furia que contenían algunas de sus entregas pasadas.

Al contrario, Skeleton Tree es un disco atmosférico -la inaugural y premonitoria “Jesus Alone” fija el mood-, más centrado en la lírica que en la riqueza instrumental. Un álbum cuya obvia espina dorsal son los textos de Cave y su propia interpretación, casi recitada a ratos (“Ring of Saturn”), dolida e intensa a otros (“I Need You”). Son canciones con un marcado aliento poético que duelen, crispan y mecen, como en la escalofriante nana “Distant Sky”, liberadora y tristísima. Canciones al mismo tiempo hermosas e incomodantes, que huyen de construcciones melódicas fáciles para fluir más orgánicas y libres. Textos que nos enfrentan a nosotros mismos con las contradictorias perspectivas de la muerte. El eterno balanceo entre resignación y desesperanza. Un destino inevitable pero que sin embargo a veces puede llegar demasiado pronto. Y que en Cave, no obstante, se traduce en una especie de empujón doloroso pero necesario para seguir viviendo sobrellevando la pena con la mayor entereza posible. Todo esto está expresado con serena contundencia en un disco eterno, llamado a trascender de verdad.

 

Y luego está Warren Ellis claro, ese músico con mayúsculas, sin él la evolución de la música de Nick Cave seguramente no hubiese sido la misma!!

– Monica Valle, lectora de Ubik