Anhelar el retorno de la desarrolladora española Deconstructeam era, por lo menos por mi parte, casi una cuestión de masoquismo. Su anterior Gods Will Be Watching era un juego interesantísimo, pero cada uno de sus pasos estaba marcado por una dificultad casi propia de un calvario. Obra muy valiosa, pero un auténtico dolor de muelas. Este The Red Strings Club nace, en cambio, con la voluntad de ofrecer una experiencia narrativa mucho más fluida, centrada más en la historia que en las mecánicas… pero no por ello menos llena de ramificaciones dramáticas y de posibilidades simbólicas. Al contrario, si de algo va sobrado este juego es de capas de interpretación y de dilemas éticos. De toma de decisiones para posibles enfoques hacia un mismo problema.

La acción toma lugar en apenas cuatro localizaciones. La más importante de ellas, un club nocturno en el que el barman se autodefine como “broker de información” y maestro del cóctel, capaz de saber exactamente qué mezcla necesita el alma y la psique de cada uno de sus clientes. Preparar el brebaje adecuado será una de las pocas mecánicas lúdicas (esto a ratos podría calificarse de “simulador de cubatas”) en una narrativa más orientada hacia la aventura conversacional y, en algún que otro momento, el point and click. Porque de lo que se trata es de transmitir una idea y un contexto. Presentar una sociedad futurista rendida a las grandes corporaciones. Un lugar donde los poderosos abogan por el control de la población parapetándose en la excusa del caos incontrolable que conlleva el libre albedrío: una sociedad a la que se le han extirpado sus deseos más brutales y sus impulsos más extremos debería ser una sociedad feliz.

Tremendo. Una poderosa base filosófica para una historia en la que se mezclan conceptos relacionados con el transhumanismo, la futilidad de la personalidad social que genera vidas vacías, la búsqueda de una felicidad rápida a toda costa. Con el corporativismo y la revolución, con el control y la manipulación de la población, la anulación del libre pensamiento y el choque entre bien común e individualidad. Una fantasía de ciencia ficción -con un punto romántico desarmante- en el fondo imperfecta (hay algunas soluciones narrativas ingenuas o forzadas) pero fascinante en sus planteamientos relacionados con la toma de decisiones y las consecuencias que arrojan las mismas. Una distopía compleja, sugerente, muy bien escrita y ejecutada que abre este curso videojueguil de manera brillante: Celeste, Monster Hunter: World y este The Red Strings Club están certificando un inicio de año excelente.