Serial, The Jinx, Making a Murderer. La crónica negra está experimentando en los últimos meses una suerte de feliz revisitación desde el ruedo de los formatos serializados: se ha rescatado como forma de narrativa poderosa y sobredramática el relato de algunos casos de asesinatos reales que en algún momento azotaron la sociedad estadounidense. ¿Morboso? Claro, pero tampoco vamos a escandalizarnos: la cosa no es nueva, y el drama criminal siempre ha funcionado como gasolina de alto octanaje para la ficción norteamericana. Como sea, a esta tendencia venía a unirse hace diez semanas The People v O.J. Simpson. American Crime Story, relato dramatizado del celebérrimo caso del exjugador de fútbol americano que en 1994 y de la noche a la mañana enroscaba las tripas de medio mundo al ser juzgado por el doble asesinato de su propia esposa y un amigo común. Tras la experiencia de American Horror Story el creador Ryan Murphy veía aquí otro filón y se sacaba de la manga esta nueva antología de temporadas autoconclusivas. Y el éxito, por lo menos en lo creativo, ha sido rotundo.

La serie acomete con rigor y precisión quirúrgica todos los ires y venires juidiciales, sociales y personales que rodearon el caso, centrándose en los personajes clave en el proceso (la acusación, liderada por la fiscal Marcia Clark, la defensa, encarnada en Robert Shapiro y Johnnie Cochran, el entorno de Simpson, personificado en Robert Kardashian, el juez Lance Ito y obviamente el acusado) e indagando en sus sistemas de valores, manipulaciones, tormentos y éticas personales. De este modo la serie se permite ser sobria y severa, pero no deja de ser nunca apasionante y emocionante. Porque va más allá del simple drama judicial. Por un lado, gracias a ese escarbado en los personajes (hay una especial épica en Clark, interpretada por una enorme Sarah Paulson que termina robándose para si la serie entera), pero también porque sabe contextualizar el caso y confrontarlo a una serie de temas sociales que, dos décadas después, siguen vigentes: American Crime Story es la cruzada de una mujer por ser escuchada y respetada en un mundo feroz, la historia de una lucha por la justicia y una obvia reivindicación, enfocada desde la ficción de género (en este caso jurídico), de la necesidad de seguir intentando erradicar la violencia de género. Y, por supuesto, es una visión amarga y tajante de los problemas de corte racial y la irregularidad del trato de los afroamericanos dentro del sistema legal. ¿Que Simpson, efectivamente afroamericano, era culpable? Posiblemente, pero esa es la grandeza de esta serie: que nos recuerda que la sociedad es un ente complejo que debería huir de polarizaciones y simplismos.