No empieza nada mal The Big Sick, título cuya traducción al español me niego a incluir aquí. Nueva producción de la factoría Apatow, se mueve por los terrenos habituales de la (post)comedia romántica, en esta ocasión con el escalón intercultural de por medio. Como en Master of None, el protagonista, Kumail Nanjiani usando el mismo nombre en la realidad y la ficción, se ve encorsetado por las expectativas de su propia religión y por las diferencias culturales que se interponen entre él, de raíces pakistaníes, y la mujer de la que se enamora, la americana Emily: la familia de Kumail espera que contraiga matrimonio de manera pactada con alguna de las pretendientes que le son ofrecidas. Él, claro, se resiste. Especialmente después de encontrar el amor. Bien, no es un mal comienzo, pero tampoco es nada que no hayamos visto en, sin ir más lejos, la serie de Aziz Ansari para Netflix. La cuestión es que la película da un giro brutal. Y abraza el drama. Se oscurece la trama y las relaciones entre los personajes, especialmente entre Kumail y los hasta ese momento ausentes padres de Emily, empiezan a tomar forma, matices y tensiones dramáticas. Y la cosa pasa de ser una comedia naturalista a una reflexión sobre el amor ausente, la paternidad, la sinceridad, la responsabilidad y el impacto del tiempo -positivo o negativo- sobre el afecto. Lo que hasta el momento había sido una historia honesta y humilde de formas íntimas -la cámara de Michael Showalter se acopla bien a lo indie sin deslumbrar- empieza a tomar espesura. No pierde las formas humorísticas ni renuncia a un enfoque de comedia, especialmente teniendo en cuenta los desmanes de la pintoresca familia de él, la estupenda pareja formada por Holly Hunter y Ray Romano, padres de ella, y los abundantes guiños a la profesión cómica (Kumail es un stand-up comedian wannabe). Pero, insisto, tampoco se baja de lo íntimo. Y es así porque en realidad, esto es el relato de una historia real. Es el reflejo semi-autobiográfico de  Nanjiani y Emily V. Gordon, que pasaron por una historia similar a la que cuentan en la película (el guión está firmado por ellos dos), al poco de empezar su relación. De modo que The Big Sick es la purga de los pesares encontrados en un momento particularmente duro en la vida de la pareja. O un testimonio de ese momento de incertidumbre. O una alegoría entorno a cómo el amor es capaz de todo lo bueno y todo lo malo. En cualquiera de estas posibles manifestaciones The Big Sick funciona. No como la película más original y profunda posible, pero sí como una de las mejores dramedias románticas paridas por el Hollywood mainstream en meses.