Cuando las cosas pequeñitas tienen grandes significados. Or: que los árboles no te impidan ver el bosque. Or: cualquiera de estos tópicos tienen un buen reflejo práctico en el minúsculo The Average Everyday Adventures of Samantha Browne, un videojuego de adquirir gratis (la página de la propia desarrolladora nos brinda su free to play), jugar en un suspiro y quedarse un buen rato dándole vueltas a la cabeza. Es minimalista, sí, y técnicamente irrelevante al lado de cualquier esfuerzo de un estudio potente, porque esto es casi un tebeo (poco) animado, un ensayo interactivo autoral, obra de la periodista y escritora Andrea Ayres Deets, cuya mejor carta se juega desde el mensaje que propone, más que desde sus mecánicas jugable. Que son las de un point ’n’ click tradicional de menos de un cuarto de hora de duración en el que el jugador deberá ponerse en la piel de la adolescente Samantha y tomar algunas decisiones clave para afrontar una aventura extraordinaria: salir de su habitación en una residencia de estudiantes para, simplemente, comer algo. El quid de la cuestión, que la joven sufre un trastorno de ansiedad social y cualquier contacto con otras personas le supone un paso de gigante, un esfuerzo de una dificultad abrumadora. Cada pequeño gesto que implique salir de la burbuja, cada paso cotidiano que ponga en riesgo el aislamiento en su micromundo, es toda una aventura. Ese es el gran valor de The Average Everyday Adventures of Samantha Browne; proponer un ejercicio de empatía del jugador con su personaje para hacer de algo aparentemente sencillo toda una odisea, concienciándolo de un trastorno muy presente en la sociedad actual. Así que sí, aquí lo importante es el mensaje más que el canal (ojo, y no es que la parte artística no tenga su encanto) y el corroborar una vez más que el videojuego como campo expresivo también puede ser una herramienta de primer orden para abordar frontalmente y hacer visibles ciertas neurosis sociales, apelando tanto a la parte teórica como a la emocional.