Debo admitirlo: Teen Dream me pilló por sorpresa. Beach House habían firmado dos discos antes, pero a quien esto escribe la explosión le llegó con el tercero. Luego vendría Bloom y su definitiva voladura de cabeza, pero Teen Dream se lleva el honor de representar la conquista. La llegada de un dream pop que no dejaba de evocar ciertas esencias, desde la psicodelia de los 60 hasta el shoegaze de los 90 y desde Cocteau Twins hasta Mazzy Star, pero que estaba ejecutado con tanto acierto, mimo y emoción que parecía completamente nuevo.

Y a día de hoy, casi una década después de su publicación, el disco conserva su magia y su poder evocador. Sus suaves colchones de electrónica narcotizada y guitarras ensoñadoras, suaves drones y punteos de piano siguen seduciendo, arropando a estribillos casi perfectos conducidos por la voz de Victoria Legrand, capaz de absorber al oyente hacia un mundo irreal pero palpable. Ella y su partenaire Alex Scally tejen esquemas basados en apuntar melodías para, de pronto, hacerlas estallar en un abanico de sonido, riqueza emocional y crescendos nada inflados: por Teen Dream corre el aire y se filtra el sol mientras establece una gestión de las emociones basada en el balanceo. De la euforia (“Zebra”, “Norway”, “Used To Be”), a la sedación (“Silver Soul”, “Walk in the Park”), ambas sensaciones intercaladas y perfectamente medidas.

Todo gracias a la producción transparente de Chris Coady, que redondea un disco perfecto para el catálogo de una ya legendaria Sub Pop. Un tratado impecable de alegría melancólica e imperecedera. Una colección de diez canciones que pueden describir por sí mismas la perfección  formal y emocional a la que puede aspirar el pop. Un viaje atmosférico que nos sigue transportando a lugares que aún hoy nos parecen sorprendentes y hermosos.

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