Hasta ahora, la historia de las producciones cinematográficas de Netflix, que se estrenaba hace unos meses con la bastante regulera Beasts of No Nation, ha tenido más bajos que altos. Ha sido, siendo benevolentes, un tanto errática. De poco menos podría calificarse a una cadena cuya idiosincrasia fílmica (?) pasa por ofrecerle a Adam Sandler un contrato por cuatro películas. Así de mal pintaban las cosas y, no obstante, el más reciente intento, Tallulah, probablemente sea uno de sus mejores productos. Guionizada y dirigida por Sian Heder, quien debuta en el largo tras demostrarle a la cadena que sabe escribir para Orange Is the New Black, esta es una comedia dramática (quizá más bien al revés) de personas que buscan canalizar sus emociones a través de otras personas para deshacerse de su soledad. Especialmente dos mujeres: una joven que vive en la calle y que adopta a una niña y la madre de su ex, a quien hace creer que la pequeña es su nieta. O lo que es lo mismo, Ellen Page y Allison Janney, nombres lo suficientemente solventes como para mantener a flote casi cualquier producto. Especialmente si trabajan juntas. Afortunadamente esto no es sólo una especie de Juno reunion sino también un nuevo intento de puesta en crisis de la familia tradicional como única institución viable. En realidad Ellen Page ha robado al bebé, pero lo ha hecho en un arranque de responsabilidad, para arrebatárselo a una madre que no parecía en condiciones de cuidarlo. Y a pesar de que Heder no justifica semejante acción, sí la plantea como una especie de momento de lucidez de un personaje que busca encontrar un lugar en el mundo. Y que se complementa con el otro, una mujer que se ha quedado sola tras haber sido abandonada por su marido. El valor de la autora es enfocar cuestiones tan volátiles con seguridad y sensibilidad y sin miedo a saltar entre géneros. Tallulah es un poco obvia, sí, pero sabe qué teclas tocar, cómo hacerlo con suavidad y sentido de la melodía y cómo ofrecer los suficientes matices emocionales como para ser tomada por una propuesta seria. E interesante. Articulada sin grandes logros narrativos (la realización va muy acorde con el modelo Sundance, para lo bueno y para lo malo) pero con la suficiente convicción, reforzada por el trabajo de sus dos magníficas actrices protagonistas.