Animador, ilustrador, historietista… si no voy errado aún no habíamos tenido entre nuestras manos nada publicado en España de Priit Pärn. Por lo menos nada de su faceta de autor de tebeos. Lo cual convierte a este Tagurpidi (edición por obra y -muchísima- gracia de Fulgencio Pimentel) en un doble acontecimiento literario dentro del mercado comiquero más o menos autoral: no sólo sale el estonio del ostracismo al que le teníamos condenado en nuestro país sino que, directamente, es este uno de los títulos más interesantes de la temporada. Un momento, ¿dije cómic? En Tagurpidi (publicado originariamente en 1980) Pärn pone literalmente del revés cualquier tipo de convención narrativa, y eso empieza por el propio formato. ¿Es esto pues un cómic o más bien un álbum ilustrado? ¿O quizá ambas cosas al mismo tiempo? Importa poco en realidad, porque la historia fluye con una prosa rápida y sencilla y se enriquece con el personal, despeinado y casi feísta dibujo, arrojando un resultado perfecto de puro sencillo. Ojo, sencillo en su forma, pero altamente complejo en sus temas, en sus sugerencias y en sus símbolos. No en vano esto se presenta como un cuento que puede ser experimentado por niños a partir de 5 años. Pero precisamente se necesita ese desprejuicio infantil para poder entrar en el mundo que nos presenta Pärn para luego, ya sí, empezar a aplicar las lecturas adultas que se crea conveniente. La historia, en definitiva, es la de un niño pequeño que va a visitar a su tío a un pueblo donde todo desafía las leyes de la lógica, de la física y de la naturaleza, porque simplemente todo ocurre exactamente al revés de como debería. La metáfora, que no debemos supeditar nuestra capacidad de ser libres, de vivir una vida excitante, incontrolable y caótica a las convenciones, al orden, a las leyes no escritas. Y las herramientas, un humor surrealista y absurdo que es pura explosión de creatividad, pura ciencia de la contradicción. Divertidísimo, gamberro, chiflado, Tagurpidi debería hacer de cualquiera de sus lectores un ser un poquito más autónomo, más desafiante y más inquieto. Y eso incluye a niños y adultos.