Mezclar géneros puede dar pie a empachos e indigestiones de tono, de forma o de esencia. Pero a veces, por un no se sabe muy bien qué, la cosa funciona. Y así es Slay the Spire, uno de esos casos en los que uno cree que ya está todo inventado y de repente aparece un alquimista imprudente y mezcla dos componentes locos para crear un derivado sencillo pero incontestablemente efectivo. En este caso ha sido la desarrolladora de Seattle MegaCrit quien ha osado transgredir los límites facturando un juego que se podría describir como un híbrido entre las cartas a lo Magic y el roguelike, ese sistema basado en la progresión kamikaze que conduce hasta un punto, a través de un camino cada vez distinto, y que termina y vuelve a empezar de cero cada vez que el jugador muere.

¿Cuánto más tiene de uno que de otro? Dependerá del enfoque de cada jugador. El personaje (uno a escoger entre tres posibles) se enfrenta a sucesivos combates por turnos con enemigos hasta llegar a un boss final y completar la mazmorra tras derrotarlo. Entre combate y combate hay la posibilidad ocasional de recuperar puntos de vida, de fortalecer armas o de comerciar con reliquias, hechizos y nuevos ataques. Y a lo largo de partidas sucesivas se va acumulando cierta progresión que no se resetea al empezar un nuevo run. Pero por otro lado todo lo contado aquí (combates, ataques, defensas, golpes especiales) está expresado con naipes: la representación visual es mínima, apenas centrada en el jugador, el oponente y cada mano de cartas.

Pero Slay the Spire se siente como un juego de acción dinámico y a ratos casi frenético: hay estrategia, pide estudiar las posibilidades y las opciones a cada mano, pero en ningún momento sobrecarga las jugadas con posibilidades excesivamente complejas. Sus reglas son tan asequibles como adictivas, se profundiza en ellas progresivamente y de forma muy orgánica y lo que engancha esa mecánica central consistente en ir confeccionando el conjunto de cartas perfecto: tras cada pelea el jugador puede elegir una entre tres que fortalecerá su mazo. Qué tipo de ventaja le interesa más quedará a su propia estrategia. Qué tipo de mazo se construye dependerá de cómo piense enfrentar los combates.

Tan sencillo que sorprende su inteligencia, profundidad, humor y capacidad de acoger a casi cualquier jugador que decida acercársele. Así es Slay the Spire, un pequeño pelotazo indie que no debería limitar su radio de acción al nicho de fans del género. Si en el terreno de los juegos de cartas 2018 fue el año de Thronebreaker, con Slay the Spire ya finalmente en el mercado tras su exitoso early access, el 2019 podría estar ya adjudicado.