Sí, suena a tópico, pero es que en este caso es aplastante. Lo de Viet Thanh Nguyen, norteamericano de origen vietnamita, ha sido una llegada de las de besar el santo: su debut no sólo ha tenido una recepción crítica deslumbrante sino que además le ha reportado el Pulitzer. Un estreno arrasador que, sin embargo, no sorprende nada una vez lee uno la novela en cuestión. El simpatizante es, sin paliativos, una obra maestra. Un libro enorme que, al contrario de lo que suele ocurrir, coloca el foco de atención de la Guerra de Vietnam sobre donde siempre debió estar: los vietnamitas. Es la historia de un agente doble que escapa de Saigón tras la caída y se instala en la soleada California, donde continúa con sus menesteres de espía. Es, por lo tanto, un thriller como los de antes, una historia de espionaje en la que abunda la política del secretismo, los personajes con dobles caras y los momentos de alta tensión eléctrica, especialmente aquellos en los que se barajan dobles jugadas y ejecuciones. Pero no es sólo eso. También es la historia de un hombre, un “bastardo” desubicado que no es de ningún lado y lo es de todos al mismo tiempo, que ya nació mestizo y ahora debe integrarse en una sociedad ajena. Es un relato de tensiones con los propios orígenes, con las costumbres y preceptos culturales y la colisión de lo oriental con lo occidental. También es, por supuesto, un relato histórico de una precisión asombrosa, rico e ilustrativo, un drama bélico y un reflejo de lo cotidiano no exento de cierto humor. Y es también, una suerte de parodia del nuevo Hollywood de mediados de los 70, donde el protagonista se da de bruces con una arrogante miopía etnocéntrica cuando se le ofrece un puesto como asesor de un director iluminado que está rodando su gran obra maestra, trasunto de un Coppola enajenado en el rodaje de Apocalypse Now. Lamentable episodio en que el protagonista se ve envuelto en un mero simulacro de su vida, la recreación timorata y espectacularizante de su propia guerra.
El simpatizante es, pues, muchas cosas. Pero ante todo es una novela cohesionada y compacta, sofisticadísima en su estructura libre y tremendamente lúcida en sus planteamientos éticos. Y es que si algo subyace en todos los vaivenes de la historia, en el devenir y la peripecia del protagonista, es la poderosa espesura de una serie de conflictos morales (responsabilidad, patriotismo, culpa, deber, simple asesinato) manejados con una mano a la que en ningún momento tiembla el pulso. La de un escritor que entra directamente en la categoría de fenómeno cuasi incomprensible: cuesta creer que esto sea una primera novela y emociona de verdad pensar cómo serán las que vendrán.