Si hasta ahora Sharon Van Etten formaba parte de ese sector de creadores que no osan levantar la voz y parecen dirigirse sólo a su parroquia, con su nuevo disco parece dispuesta a dar el salto. Sí, casi todos sus álbumes hasta la fecha habían sido de notable, pero la de Nueva Jersey optaba por lo austero más que por el maximalismo. Eso acaba de cambiar. Sharon Van Etten ya dispara en todas direcciones y añade nuevas capas y posibilidades a su discurso. Remind Me Tomorrow es exuberante, cambiante, rico y excitante tema a tema. Afilada como siempre, más interesante que nunca.

Porque en su nueva entrega hay intensidad, hay buenas ideas y hay ideas que parecen nuevas cuando en realidad son recursos clásicos exquisitamente ejecutados. Y parece haber una voluntad de casarse solamente con el concepto de buena canción. Por ello recurre al rock marca de la casa, pero también a ramalazos de pop atmosférico, detalles electrónicos y sintetizadores añejos. Eso le da una enorme libertad de movimiento y parece arropar a su nueva encarnación, que se mueve entre la luz y la oscuridad, entre lo moderno y lo retro, entre el susurro y el chillido, balance cuyo mejor ejemplo es esa tan radiable como intensa “Seventeen”.

Van Etten firma melodías irresistibles que brotan entre un piano para poco a poco vestirlas de atmósfera rara (“Malibu”), se propone como émula vocal de PJ Harvey (“Comeback Kid”), arrastra versos amargos motivada por percusiones oscuras y rasposas (“No One’s Easy To Love”) y juega a envenenarnos el oído con voces falsamente celestiales (“Memorial Day”). Todo mientras habla del amor y de cómo escapar es a veces la única salida emocional sostenible.

Si hasta la fecha la teníamos en muy buena estima, ahora su crecimiento artístico es meteórico y el resultado, un disco excelente lleno de sorpresas constantes y una emotividad que siempre busca nuevas y sorprendentes formas de instalarse en el alma del oyente.