Con sólo tres temporadas en cartera Rick & Morty está resultando la serie con el planing de producción y el timing de emisión más destartalados de este sector espacial. Se hizo esperar la tercera tanda de episodios y luego pasó a la velocidad de la luz, con cuatro capítulos menos de los que sus creadores se habían propuesto empaquetar. Cosas de la genialidad, supongo: Dan Harmon es material volátil, trilita emocional y polvorín tóxico siempre a punto de pegar el chupinazo. Pero, insisto, son cosas de los genios. Y en esta temporada Rock & Morty ha gastado mucho de eso. Genio. En caída libre hacia la oscuridad más irrespirable, cada capítulo parece más enfebrecido, macarra y brillante que el anterior. Y no es que hayan cambiado los términos. Es sólo que aquí se han apretado las tuercas más que nunca. La combinación de humor negrísimo y ciencia-ficción vuela-cráneos es cada vez más inteligente, pero también más abrasiva. Y si esto empezaba como un Futurama a lo bestia ha terminado derivando en muchos momentos en una especie de versión animada del Pudridero de Johnny Ryan, marcada por su propio salvajismo y brutalidad gore, por esa búsqueda de la escatología por la escatología.

Pura subversión en forma de choque frontal que, además, también opera en planos más sutiles. Poco tiene ya esto de sitcom loca, tendiendo como ha tendido hacia el drama familiar más pesimista: el divorcio de Beth y Jerry ha funcionado como trama horizontal a lo largo de la temporada, mientras la influencia nefasta de Rick sobre el resto de familiares se ha erigido como auténtico corazón temático. Rick ya es definitivamente el villano de la función, y la serie es un monumento hacia su persona, una gran descripción poliédrica de una personalidad genial, narcisista, truculenta, avariciosa y cruel. Capaz de las más asombrosas genialidades, pero también de las más bajas atrocidades. La peor de todas, quizá, desposeer a sus allegados de su propia identidad. Ya nadie en esa familia disfuncional sabe si es si mismo, si es un clon u otro yo de un universo paralelo. Rick ha conseguido, a golpe de eructo, portal transdimensional y descuartizamiento indiscriminado, convertirse en uno de los personajes oscuros más descacharrantes de la historia del medio.

Ahora, con el tinglado finiquitado y un balance incluso superior al esperable (la temporada ha tenido varios clásicos instantáneos: “The Rickshank Rickdemption”, “Pickle Rick”, “Vindicators 3: The Return of Worldender”, “Tales form the Citadel”), volvemos a estar en el maldito limbo. Nos cuentan que la cuarta temporada puede hacerse de rogar mucho. A saber si será emitida siquiera en este rincón del multiverso, en esta nuestra línea temporal. Pero en cualquier caso la espera, si la próxima campaña termina siendo la mitad de buena de lo que ha sido esta, habrá merecido la pena.