Qué difícil es ser un rey. Qué fácil aparcar por un rato prejuicios antimonárquicos y ponernos, con Reigns, al frente de una línea de sucesión que se alarga en el tiempo y va encadenando monarcas. Uno tras otro van reinando, muriendo y siendo reemplazados por el siguiente. Eso propone esta pequeña, austera maravilla para smartphone que nos pone al frente de un reino y nos invita a administrarlo de la mejor manera posible, balanceando cuatro frentes que deben estar equilibrados en todo momento. Iglesia, pueblo, ejército y banca. Si nos arruinamos, morimos. Si hacemos enfurecer a las tropas, no cumplimos las exigencias del cardenal o decepcionamos a nuestros súbditos terminamos desterrados, decapitados, degollados o linchados por la turba. Es este un juego de estrategia con una mecánica muy simple, perfectamente adecuada al formato móvil. Con el dedo el jugador va pasando cartas, una tras otra, que le animan a tomar decisiones cuyas consecuencias pueden ser fatales o bien mantenerlo vivo un día más. Ese es el reto general. Lograr batir la propia marca de años consecutivos reinando antes de morir.

Pero poco a poco van apareciendo objetivos más concretos y sucesivos micro-retos, que son los que van dando forma a la historia, más horizontal de lo que parece de entrada: un argumento se va desplegando a lo largo de las partidas que, por lo demás, pueden ser rápidas y ágiles. De este modo Reigns no se estanca en su propio minimalismo formal (su interfaz es limpia, de gráficos sencillos pero bonitos y un diseño muy elegante) y siempre sabe parecer nuevo y excitante autorrenovando su interés. Ofreciendo giros inesperados e ideas divertidas y emocionantes en un sistema sencillo pero efectivo. Y con una narrativa ágil, trepidante y llena de humor. Por el camino el juego va planteando cuestiones de tipo social, dicotomías delicadas (el permanente choque entre la iglesia y la comunidad científica) y anima al jugador a implicarse en todo momento gracias a un sistema de toma de decisiones que a menudo conllevan un gran peso moral, de solución complicada, casi nunca satisfactoria para todas las partes. La mayoría de veces de tipo más pragmático que racional: ante la amenaza de la peste negra ¿seríamos capaces de sellar las puertas de nuestro reino, dejando a los infectados fuera? ¿Estaríamos dispuestos a sacrificar el bienestar del pueblo si con ello logramos reflotar un poco una economía a punto de la quiebra? Sí, es difícil ser rey, pero también tremendamente divertido, arriesgado y en ocasiones hasta emotivo.