No tengo muy claro que Eastbound & Down (en España De culo y cuesta abajo) tuviera una fanbase muy potente. Si así fuera, el mundo sería un lugar mejor y más apestoso al mismo tiempo. Pero con fans o sin ellos, Jody Hill y Danny McBride han vuelto a configurar su team-up bizarro para dar una especie de continuidad espiritual a la serie más asquerosamente tronchante que facturó HBO a principios de esta década. Vice Principals recoge el testigo de aquella en tono, en tipología de los personajes y en fuel cómico: la construcción de un hipotético héroe americano definitivo como hombre-desastre mezquino y egocéntrico, inconsciente de su propia condición de detrito humano y de toxina social que no se depura ni con tres meadas. Sólo que en Vice Principals la acción se traslada al microuniverso de los institutos americanos y se fundamenta más en un choque (¿o de verdad terminará como alianza?) de egos que promete una auténtica blizzard de caspa en un festival del white trash. Dos vicedirectores de instituto que anhelan el puesto máximo al liberar el sillón el saliente y que resultan ser un par de seres grimosos, aceitosos, hipócritas arribistas. Mediocres mongolos pagados de si mismos, uno (McBride), extensión docente de su propio Kenny Powers. El otro (un Walton Goggins que demuestra que en comedia es aún mejor que en drama), un embustero lameculos que camina como salido de un spaghetti western. Entre ambos la química es brutal y con ella se justifica la sola existencia de este producto en el mejor sentido deprimente, que promete insoportables dosis de embarrassing humor e incorrección política a ritmo marcial de drumline de banda escolar. Mucho se tendrá que torcer esta primera temporada que tiene por delante para que esto no termine siendo la mejor comedia kamikaze soterrada del momento.