En circunstancias normales, cualquier aspirante a guionista que pretendiera vender un libreto como el de The Good Place probablemente terminaría siendo expulsado a patadas de su pitch con los productores. No sé en qué circunstancias ocurrió, pero el caso es que Michael Schur (más reputado que nuestro guionista aspirante, eso sí) lo logró. Y si sobre el papel su nueva serie tras Parks and Recreation y Brooklyn Nine-Nine ya era excéntrica, visto su piloto doble el desconcierto se multiplica. Porque en el fondo The Good Place no parece algo que se salga del montón (persona mezquina pide a otra que le enseñe cómo ser buena gente) pero en la forma la cosa parece poco menos que un disparate. A saber: joven fallece y es trasladada automáticamente a una especie de paraíso. Un cielo encapsulado en una pequeña comunidad perfecta a la que sólo acceden las mejores personas del mundo. Un lugar donde no existe la maldad, ni la mentira, ni el egoísmo ni las palabrotas. Una especie de isla de El Prisionero pero de buen rollo. De muy buen rollo. De demasiado buen rollo. Eso es con lo que nos encontramos de cara nada más empezar la serie; una especie de visión sarcástica de las comunidades perfectas con aroma de América años 50 en modo barrio suburbial de colores chillones diseñado por un semidiós.

La cosa funciona a partir del mecanismo de elemento disruptor: algo trastoca el equilibrio general y la comunidad salta por los aires. Y la serie en si funciona… pues la verdad, no sé muy bien cómo. Por un lado porque tiene como protagonistas a unos Ted Danson y Kristen Bell estelares. Por otro porque Schur apunta su dedo del recochineo hacia las utopías, la búsqueda desesperada de la felicidad en sociedades perfectas construidas sobre pies de barro. Se ríe de la corrección política y la hipocresía sobre la que se sustenta. Pero también parece estar interesado en ofrecer un discurso sobre la búsqueda del mínimo común denominador entre los individuos opuestos. Sirviéndolo todo sobre un extraño planteamiento de comedia familiar que no lo es, o de broma macarra que demasiadas veces tiene que morderse la lengua.

Veremos cómo evoluciona, pero cuanto menos The Good Place parece que va a ser una comedia absurda y ligeramente negra, más libre y anárquica de lo que nos tienen acostumbrados las networks.