Sí, La amiga estupenda huele un poco a adaptación relamida de un material editorial de éxito. Y sí, se le puede achacar que parezca buscar una aura de prestigio basado, en parte, en ese origen literario (Francesco Piccolo coescribe el guión) y en parte en su apartado formal (Severio Costanzo dirige, Max Richter pone sus partituras a la banda sonora). Pero por lo general el primer par de horas de la adaptación del mundo creativo de Elena Ferrante, la intrigante escritora italiana que aquí también coguioniza, coloca unos elementos clave para una partida que se prevé más que interesante. HBO, ya se sabe, no se toma las cosas a la ligera ni cuando es para externalizar la producción -coproduce con RAI- y en este caso propone todo su arsenal para trasladar el drama al Nápoles de los años 50, donde se forja una amistad entre dos niñas que se alargará a lo largo de los años y tendrá su réplica sísmica en la actualidad, cuando una de ellas rememore ese pasado a raíz de la desaparición de la otra.

Es, por lo tanto, un relato coral. El de una comunidad de postguerra, aún reprimida y represiva, fuertemente influenciada por la iglesia y marcada por constantes tensiones entre vecinos. Por alianzas silenciosas y rencillas explícitas, favores y venganzas. Y como tal resulta brutal en su búsqueda de la oscuridad inherente al folklore de patio de vecinas, tan propio de la comedia italiana de los 50 y 60. A ello apelan Ferrante y Costanzo, es cierto. Pero es el neorrealismo lo que parecen querer marcarse como punto inevitable de referencia estilística y temática. Hay mucho de aquella desesperanza postbélica aquí. También un tratamiento muy directo y crudo de los problemas de una sociedad cerrada y pueblerina, mucho de retrato social sin concesiones y un acercamiento visual que roza el larguero del manierismo pero se queda en rigurosa reconstrucción visual y sentimental del momento histórico.

Sin embargo lo que se esconde entre los surcos de La amiga estupenda, por lo menos en sus primeros compases, es exactamente eso. La historia de una amistad entre dos mujeres prolongada en el tiempo. Es ahí donde la serie encierra todo su potencial emotivo (y aparentemente también perturbador), toda su honestidad, que no es poca, su melancolía y capacidad sugestiva y todo su potencial para convertirse en un producto memorable. El tiempo dirá.