El plano que abre Animal Kingdom nos muestra a Josh, el protagonista, sentado en el sofá de su sala de estar. A su lado yace una mujer inconsciente. Entran un par de paramédicos en escena, preguntan qué ha ocurrido y el joven les responde, impasible: “heroína”. Mientras los técnicos atienden a quien pronto descubriremos que es su madre, Josh no despega la vista del concurso que está emitiéndose en televisión. De idéntico modo empezaba la película que en 2010 ponía al australiano David Michôd en el mapa, un neonoir seco y bronco que hablaba de cómo los lazos familiares a menudo se sobreponen a la ley y a la moralidad. Animal Kingdom, la serie adaptación puesta en marcha por el equipo de Southland, también coloca a un, digamos, “inocente” en el centro de la tormenta: esta familia de criminales que orbitan entorno a la matriarca-sol que interpreta Ellen Barkin es justo eso, un sórdido núcleo afectivo de dudosas intenciones y peores formas. Un nicho que acoge al sobrino para terminar absorbiéndolo hacia su propio infierno de trapicheos, amenazas, drogas y épocas a la sombra. Y si bien la adaptación a un formato serializado y para un público un tanto más generalista tenía difícil soportar los niveles de negrura del original, especialmente cuando se traslada la acción de la marginalidad australiana a las playas surferas de California, el resultado puede deparar sorpresas. Es pronto y sólo tenemos un par de episodios a mano para sacar conclusiones, pero la cosa puede deparar muy buenos momentos. Eso siempre que los responsables (John Wells a la cabeza) sepan sostener la tensión, gestionar bien las tramas criminales, mantenerse alejados de atajos narrativos y seguir sembrando de detalles oscuros este viaje aparentemente convencional. Si como en estos dos primeros episodios a cada escena de testosterona fácil le sigue uno de sexualidad torcida incomodante, si cada plano de surf playero está observado desde la letanía por las grotescas fábricas de la California industrial, Animal Kingdom puede ser una experiencia dura, sucia… y memorable.