Poco secreto parece tener, de entrada, De Palma. Documental orquestado por Noah Baumbach y Jake Paltrow donde el director Brian De Palma se dedica a desgranar, de manera más o menos cronológica, toda su carrera. Suerte de El cine según Hitchcock filmado, curiosamente centrado en uno de los más reconocidos seguidores del maestro británico. Memoria de un cineasta con un carrerón envidiable a sus espaldas, tan lleno de éxitos como de fracasos, de reconocimientos unánimes como de relaciones contradictorias con la crítica mundial. Todo en orden, ejecutado sin demasiados esfuerzos formales, un ejercicio de confianza hacia un hombre cuya experiencia debe hablar por si misma. Pero es que poco más se necesita para mantener una película como esta. El simple relato de maduración del cineasta ya se revela apasionante. Pilar del nuevo cine americano de los setenta, De Palma recogía algunos frutos plantados poco antes por Robert Altman o Arthur Penn y se adscribía a una escuela cinematográfica rabiosa y excitante. La de los Scorsese, los Coppola, que asumían una filmofilia de cineclub (mucha nouvelle vague mamaron) para llevarla un paso más lejos en una industria que necesitaba de una buena inyección de bilis post-Vietnam. La película parte de ahí y va analizando con cierto sentido crítico y gran capacidad didáctica el impacto del cine americano en la sociedad de la segunda mitad del siglo XX.

Pero la cosa no queda ahí, claro. Ni tampoco en el análisis -sustancioso e interesantísimo- de las relaciones entre los referentes creativos de De Palma y su propio cine. No, el autor de El fantasma del paraíso es, independientemente de las admiraciones o repulsas que pueda provocar, un personaje que vive y respira cine. Un maestro de la narrativa, la planificación y la tensión escénica. Y eso destila cada vez que comenta uno de sus títulos. Cada vez que expone su filosofía, sus profundas convicciones creativas e integridad autoral. De manera insospechada y sin sentar cátedra, De Palma despacha jugosas consideraciones de narración cinematográfica, gramática de cámara y puesta en escena. Lo que lo convierte también en una pequeña clase magistral despachada por parte de uno de los más destacados e inquietos creadores del cine estadounidense de los últimos 40 años.