El de Jason Aaron es, en cierto modo, un caso parecido al que observábamos hace unos días con Jeff Lemire: estamos ante un tipo que tan bien se desenvuelve en el terreno del cómic comercial (léase superhéroes) como se desmarca con obras más personales y, llamémoslas así, autorales. De modo que no es raro encontrar entre sus highlights cosas como sus etapas en X-Men, Thor o Hulk, todas ellas más que recomendables. Pero lo cierto es que donde realmente Aaron marca su enorme valor como narrador es en cosas como Scalped o esta Paletos cabrones, Southern Bastards en su original americano. Y si Scalped ya era un hito en el tebeo neonoir contemporáneo, a la altura del Criminal de Brubaker (ambas, dos de las series imprescindibles de la última década), Paletos cabrones aspira a convertirse en algo, si no a su altura, sí que ejerza como digna sucesora. Con aquella comparte el tono seco y violento, los ambientes rurales oscuros, casi southern-góticos, y un grupo de personajes que se arremolinan entorno a su propia condición trágica y su destino negro. Paletos cabrones narra el retorno de un hombre a su pueblo tras cuarenta años de ausencia y cómo debe enfrentarse a su pasado. Un pasado personificado en la figura de un cacique autoritario y violento quien, además -y gracias a una narración en distintas líneas temporales-, arrastra sus propios demonios y condenas. Pero esto es sólo el principio. En estas páginas se agazapan giros inesperados y consecuencias imprevisibles en una escalada de violencia que tiene como punto de partida un personaje salvaje y rudo, pero también vulnerable. Esta es una serie sobre las relaciones paternofiliales difíciles, sobre los lazos con el pasado y la violencia que se va imponiendo con el paso del tiempo en una sociedad cerrada y cateta, impregnando sus estructuras y corrompiendo a sus habitantes. Dibujada con el trazo eléctrico y crispado de Jason Latour, quien diseña personajes que abrazan casi el feísmo, acorde con su caladura moral, y narrada mediante una planificación interesante que se permite ocasionales virguerías. Como sea, se impone la sequedad y la acción directa en esta saga bronca y violenta que empieza de manera inmejorable.