¿Es One Mississippi una comedia? Teniendo en cuenta cómo de difusos están hoy día los límites entre el drama y la comedia en televisión, podríamos decir que One Mississippi es tan comedia como, por ejemplo, Transparent. En realidad comparte más que eso con aquella, como su tono melancólico, su sensibilidad al abordar ciertos temas delicados o la búsqueda de unas vías expresivas propias. Y del mismo modo presenta a una protagonista que se siente algo apartada de las convenciones sociales y se ve obligada a reivindicar su propio espacio dentro de la familia. En este caso, la serie se centra en el personaje interpretado por Tig Notaro, quien parece haberse vaciado, haber volcado sus conflictos internos, cargas externas y penas diversas: su personaje lidia con el fallecimiento de su madre mientras lucha por sobreponerse a los estragos del cáncer. Un poco como Maria Bamford en su Lady Dynamite Notaro usa la comedia como suerte de terapia, pero a menudo se ve obligada a afrontar el dolor de cara, sin subterfugios. Al respecto resulta tremenda la escena en que observa (y especialmente nos muestra) sin ambages los estragos de la enfermedad en su propio cuerpo. Pero más tarde la contrapone a otro memorable momento en el que su cuerpo es protagonista de una celebración de la vida (y el sexo). Entre ambos extremos bascula One Mississippi. Como en el documental Tig, habla de forma honesta y valiente sobre el hecho de afrontar la enfermedad, sobre la gestión del dolor, sobre el tratar de comprender la muerte. Y al mismo tiempo presenta a una protagonista de gran personalidad (Notaro hacía años que merecía un protagonista así), valiente, irónica, de un humor lánguido, a veces casi apático. Situada entre la lucidez y la perplejidad, esa mezcla que suelen transitar los personajes de Louis CK, Nicole Holofcener y Diablo Cody, tres de las cuatro cabezas pensantes detrás de esta estupenda… ¿dramedia?