Podía ser El Juego De Esta Generación o podía ser el fiasco de la década. La expectación nos devoraba vivos: ¿cómo era posible que el reducidísimo equipo de Hello Games hubiera empaquetado un indie de semejantes características? ¿Podía ser cierto un sandbox del tamaño de un universo entero (casi literalmente) que nos permitiera explorar más de 18 trillones (esto sí jodidamente literal) de planetas distintos? ¿Semejante hazaña terminaría convertida en la mayor aventura interactiva jamás diseñada? Todo parecía muy extraño. ¿Demasiado chiflado, quizá? ¿Demasiado disparatado para ser real? En fin, real es. Ya está aquí No Man’s Sky y por lo visto hasta ahora debemos presuponer que cumple: los planetas se van generando aleatoriamente cada vez que un jugador pone su pie digital en ellos. Y una vez creados y bautizados ahí quedan, para que el siguiente turista sideral pueda campar a sus anchas por ellos. O eso se supone, porque dado el tamaño del área de juego, las posibilidades de coincidir parecen ser pocas. Y eso es lo que nos pone ante nuestras narices No Man’s Sky. La promesa del infinito, o por lo menos de la inmensidad. De una inmensidad que se escapa de nuestros propios límites mentales y que, por lo menos en sus primeras horas, se experimenta con fascinación y la sensación de estar viviendo algo nuevo, bello, único. Tanto es así como que la experiencia es intransferible, distinta para cada jugador, nueva en cada partida, capaz de -se supone- ofrecer mundos donde no sólo la fauna, la flora y la orografía son únicas sino que también lo son las condiciones climáticas y atmosféricas y, con ello, las posibilidades de vida autóctona.

Pongámonos más prosaicos: ¿Qué supone en realidad un juego de semejantes características? Lo primero y más importante, una serie de mecánicas poco pendientes de la innovación. Como en cualquier sandbox, el jugador puede dar rienda suelta a su libertad de acción o ceñirse a lo preescrito. Hay un hilo narrativo (en realidad dos) que conduce la historia de No Man’s Sky y una serie de tareas que se pueden hacer a lo largo, o al margen de, el argumento. Tareas que se adscriben sin demasiadas estridencias a los géneros ligados a la supervivencia, la estrategia y el “crafteo”. El juego posee elementos de shooter y combates espaciales, sí, pero en esencia estamos ante un título de subsistencia, construcción, mantenimiento y mejora de equipo, armas y vehículos… y mucha, mucha exploración. Es un juego de vocación pausada y paciente, lento, contemplativo, como un Proteus en el que se pueden hacer (bastantes) más cosas. Una suerte de Minecraft en el espacio, de Faster Than Light en primera persona que debería ahuyentar a los que busquen acción directa y pura habilidad física. Esto es otro rollo. No necesariamente mejor. Tampoco peor. Demasiado grande en realidad, como fenómeno y como terreno de pruebas y mejoras para la propia desarrolladora, como para empezar ya a recibir calificativos muy contundentes: le falta tiempo, necesita que nos acostumbremos aún a sus dimensiones, que descubramos lo que nos puede ofrecer, que él mismo descubra lo que es capaz de hacer sin sucumbir a su propia ambición y resolviendo sus primeros fallos de diseño (como esa desastrosa gestión del inventario y varios problemas de carácter técnico).

Pero que por lo pronto tiene cosas bastante interesantes que mostrar, por lo menos a aquellos a los que la pura exploración ya les sirva como estímulo y los paseos espaciales les supongan una experiencia gratificante, empezando por un apartado gráfico atractivo y una banda sonora estupenda. Pero es que además parece haber bastante por descubrir bajo la historia y los planteamientos de No Man’s Sky: varias civilizaciones fascinantes con lenguajes, símbolos y religiones propios. Sistemas tecnológicos y de comercio interesantes. Y, especialmente, el tratamiento del conocimiento y el descubrimiento como puro valor narrativo. El saber como centro del relato. Un enfoque que este año ya hemos visto en The Witness y que en No Man’s Sky, si todo va bien, puede dejarnos varias reflexiones más que valiosas.