Tom King es el autor de moda. Está en todas partes y todo lo hace bien. Casi da rabia, y de hecho la daría si su estatus fuera inmerecido. Este señor está en el terreno del culto, y a cada cosa que publica afinaza su condición de autor infalible tanto en obras más personales (El Sheriff de Babilonia) como en encargos para las grandes: sus Batman, Omega Men o La Visión son los mejores tebeos de superhéroes que se pueden leer hoy día. Se cuela en este paquete Mister Milagro, ese personaje algo camp que se inventaba Jack Kirby para dar forma y folklore a su Cuarto Mundo y que en los últimos lustros andaba bastante olvidado en el imaginario deceíta -excepción hecha con Grant Morrison, que lo rescató para sus 7 Soldados de la Victoria-. Ahora King lo ha rescatado y se ha montado un estelar team up con Mitch Gerads quien, una vez más -ya compartieron laureles en Sheriff y en algunos números de Batman-, se adapta a su narrativa como un guante.

Una narrativa tan fluida como siempre y tan llena de buenas ideas y excitantes vueltas de tuerca como de costumbre. Y es que ese kirbiano El cuarto mundo y toda la cosmogonía de sus Nuevos Dioses siguen alimentando el Universo DC, en este caso de manera explícita: gran parte de la fauna y los conceptos de Kirby son parte central del relato de King: Big Barda, Darkseid, Highfather, Abuelita Bondad, Orión, el propio Mister Milagro, las cajas madre, la ecuación de la anti-vida, los boom-túnel. De hecho este es el mejor homenaje posible que se le puede dedicar. No el que intenta replicar su (casi) inigualable estilo sino el que logra volarnos el cráneo usando nuevos conceptos alucinantes o dando nuevos usos a los antiguos. Y en esa voluntad de ser siempre sorprendente, originales y creativos King y Gerads logran empaquetar, por lo menos en los siete números que se han editado hasta ahora en Estados Unidos, una presentación impecable del personaje, una caída a los infiernos y un proceso judicial, varias reflexiones filosóficas y hasta una comedia romántica de acción. Todo en una epopeya que durará una docena de números y que replanteará las bases no sólo del personaje sino, muy probablemente, de la concepción contemporánea del arquetipo superheroico. Sin hacer mucho ruido (su secuenciación clásica de 3 x 3 viñetas sugiere erróneamente un estatismo muy clásico) pero usando una sabiduría narrativa que abunda poco en el tebeo mainstream actual.