Don Cheadle, hasta anteayer sólo conocido como actor, se estrena tras las cámaras con un movimiento creativo que podría tener tanto de tiro asegurado como de auténtica temeridad. Se trata de un biopic sobre una de las personalidades más fascinantes de la Historia de la música, terreno abonado para convencionalismos y favores a las grandes audiencias. Pero el retratado resulta ser Miles Davis. Y ahí hay que ir con pies de plomo: estamos ante el trompetista más relevante y decisivo de la historia del jazz. También uno de sus más destacados compositores y autor del álbum considerado piedra angular del género, Kind of Blue, amén de otras piezas maestras como ‘Round About Midnight, el propio Miles Ahead, Birth of the Cool, Sketches of Spain o Bitches Brew. Un visionario, uno de los auténticos genios de la música contemporánea que no merece un tratamiento ligero, superfluo o encorsetado por los clichés en los que a menudo cae el género biográfico. Menos aún una mirada hagiográfica, que obvie las turbulentas vicisitudes que marcaron la vida del músico. Afortunadamente Cheadle logra esquivar el peligro y arma una película más viva y orgánica de lo esperado. Un retrato que va por su propio camino, no exageradamente arriesgado pero sí consciente de que una película sobre el jazz no puede ser previsible y lineal. De partida la historia toma como ancla el periodo de decadencia personal de Davis, durante los 70, marcado por la deriva creativa y el consumo de drogas. Un momento en que su personalidad turbulenta -catalizada aquí en la figura de un periodista de “The Rolling Stone” que se convierte en su confidente- lo bajó a un pozo del que no salió hasta varios años más tarde, momento en que encararía la última (y también más impredecible) etapa de su vida creativa. De ahí Cheadle va saltando en el tiempo para examinar otros aspectos de la carrera del músico. Algunas sesiones de grabación -en las que aparecen otras figuras como Gil Evans, Bill Evans, Herbie Hancock o Paul Chambers-, su matrimonio fracasado con Frances Taylor o sus problemas con la justicia. Y no, el realizador no logra un producto revolucionario, ni la biografía definitiva de Miles Davis, ni tampoco busca un producto de gran rigor histórico, a pesar de las magníficas recreaciones de la época. Pero Miles Ahead, además de un vehículo de autolucimiento donde el propio Cheadle-actor entrega un protagonista magnífico, es una película que sabe captar la esencia del retratado y su contexto. Un producto que por otro lado puede hacer buena pareja con la reciente y también estimable Born to Be Blue, otro biopic, este centrado en Chet Baker. Ninguna de las dos tiene el caudal expresivo y el poder dramático de, pongamos, Bird o Alrededor de la medianoche, pero ambas son, como aquellas, aproximaciones ficcionadas respetuosas e interesantes a figuras capitales del jazz.