Contar historias en Hollywood hoy en día no es tarea sencilla. Léase: contar historias por querer (y no por tener los medios para) contarlas. Para ello, se deben producir dos coincidencias mágicas, por poco comunes. Primero, a los auteurs que requieren de las abundancias de la industria para ejecutar sus visiones más les vale compensar excesos presupuestarios con ingenio creativo, o los grandes estudios jamás volverán a apostar por ellos. Segundo, el auteur mainstream (llamémosle así) debe saber hacerse visible entre el público, el más y sobretodo el menos sesudo, o en caso contrario su figura, que cuando opera a los márgenes del sistema se sabe la estrella, nunca podrá lograr ser más que otro nombre en los créditos. Jeff Nichols parece comprender lo segundo, pero continua luchando por lo primero. Tras su primera y exitosa inmersión evidente en la industria con Mud, el director de Take Shelter se lanza de nuevo al reto de conseguir el anhelado equilibrio entre el rigor artístico y el amparo del star-system que a los exigentes les satisfaga sin que el gran público desestime el producto por ello. El resultado en esta ocasión es acertado en cualquier de las dos direcciones. Por un lado, Midnight Special ahonda en dos de los temas centrales en la filmografía de Nichols (la protección ante la amenaza y la relación paterno-filial) y los reviste de un trasfondo narrativo nuevo y excitante, que por otro lado la crítica norte-americana ha torpemente denominado “sci-fi para adultos”. Por el otro, el drama humano es potente sobretodo cuanto más rodeado de incertidumbre se encuentre, y a pesar de pecar de cierta autoindulgencia en su último tramo, es una película emocional, a ratos magnética, y casi tan envolvente como las obras maestras a las que referencia.

Trailer de Midnight Special, de Jeff Nichols