Hace unas semanas, cuando Netflix aún no había lanzado este nuevo binge-watch en potencia, todo apuntaba a que Love iba a jugar sobre seguro, a que si bien podía ser buena no iba a suponer gran cambio respecto a, pongamos, Girls. Y el prejuicio era comprensible: Judd Apatow producía de nuevo para el cable (venía de HBO) otra serie de veinteañeros tardíos/treintañeros neófitos basado en las relaciones románticosexuales y que presumiblemente iba a estar empapada de todas las constantes temáticas a las que nos tiene acostumbrados el responsable de Si fuera fácil. Y claro que hay bastante esencia Apatow en Love, pero la verdad es que la cosa va un poco por otros derroteros. O por lo menos por distintos caminos de los que transitan el divísimo entourage de Lena Dunham. Y es así principalmente gracias a la presencia de Gillian Jacobs y Paul Rust, su dúo protagónico y auténtico corazón de la serie: hay secundarios, pero todo Love es ellos dos. Cómo se conocen, cómo se lían y, en esencia, todo lo que pasa después, que no es necesariamente bonito pero sí es, de algún modo, entrañable y emocional. Ellos elevan esto muy, muy por encima de los clichés tradicionales del chico conoce chica construyendo dos personajes memorables, basados en una física de atracción/reacción. Y componen dos personajes para el recuerdo. Especialmente esta Mickey (Jacobs) en horas bajísimas: una calamidad con patas, un trainwreck a punto de suceder, en permanente resaca e inminente depresión clínica, que lleva hasta nuevos límites lo que ya apuntaba su Britta Perry para Community. Así que sí, estamos encantados con esto. Love es love, por supuesto. Tiene una factura potente, unos guiones brillantes y un aire parecido-pero-distinto a otra de las grandes (si no la mejor) anticomedia romántica actualmente en emisión: You’re the Worst. Sí, a Jimmy y Gretchen les han salido competidores y, la verdad, personalmente mataría por ver una (muy improbable) cita de dobles parejas en el restaurante más fancy de la ciudad. Calor y dolor a partes iguales.