De entre todos los que cultivan hoy la literatura criminal americana (que son muchos y algunos muy buenos) lo que distingue a Richard Price de la inmensa mayoría es el cuidado por el detalle. No es que sus historias sean sutiles y alegóricas, es que el escritor plantea sus relatos no como un vehículo para contar un misterio de tintes policíacos sino para edificar una visión del contexto más global e impregnada de implicaciones sociales con el entorno urbano como campo de batalla: de entre todos sus compañeros de generación, Price (quien por cierto aquí firmó originariamente bajo el seudónimo Harry Brandt) es probablemente el más streetwise. Los impunes es una historia seca, muy directa, pero especialmente es un retrato rico y complejo de todo el ciclo vital de un barrio durante veinte años de vida. Ese distrito que ha sido controlado y protegido por los Gansos Salvajes, una hermandad de agentes del NYPD que han velado por un orden un tanto al margen de la ley más convencional, pero que es orden al fin y al cabo. Una panda de tipos que dos décadas después ya están dispersados, sobreviviendo como pueden, pero que tienen, cada uno de ellos, una cuenta pendiente con la sociedad: el no haber logrado implicar y empapelar a ciertos criminales que a pesar de perpetrar el horror máximo supieron burlar a los mecanismos ortodoxos de la ley. Cada Ganso Salvaje arrastra a su propio impune y con él el sentimiento de derrota de no haber hecho de esta ciudad un lugar más equilibrado. No justo, equilibrado. Así que sí, la trama policíaca es potente y efectiva, tiene espesura moral e implicaciones éticas potentes entorno a los perdedores, la justicia y la venganza. Y además Price esgrime sus virtudes habituales con rotunda autoridad: personajes humanos, diálogos que arrastran al lector, tempo muy medido y prosa fluidísima. Pero si algo convierte a Los impunes en un artefacto de adicción instantánea e irremediable y al mismo tiempo en un documento de gran valor humano son sus implicaciones socioculturales y su escarbado en una comunidad-crisol rica y diversa, decidida a buscar un equilibrio, condenada a repetir la tragedia pero también a encontrar una ocasional felicidad.