Hay varias maneras de enfocar un relato biográfico entorno a una figura capital en la Historia de la humanidad y su obra más conocida. Santiago García y Javier Olivares optaron, en su acercamiento a Velázquez y Las meninas, por el más estimulante posible, el más audaz, inspirador y evocador. Evitando caer en la linealidad, en el relato cronológico de hechos más conocidos o menos, los autores diseñaron un cómic que “revolotea en torno a”, en lugar de, simplemente “reflejar”. Es decir, tomaron como punto de partida la concepción y el proceso de elaboración de la citada pintura para echar una mirada hacia las intenciones, las motivaciones, el contexto y la propia psicología interna de la obra. Y también su huella cultural y social desde el siglo XVII hasta el XX (por aquí hacen sus cameos Borges, Picasso o Buero Vallejo), y su impacto en la propia vida del autor.

De este modo Las meninas es un puzzle narrativo que entremezcla tiempos y lugares, historias paralelas y relatos entrecruzados. Que cambia de enfoque constantemente -de lo real a lo ficcionado- y de tono, del documento fidedigno al puro constructo donde se mezclan géneros y formatos (farsa, drama, folletín). Del fresco histórico a la indagación psicológica del artista, su vida relativamente aburrida pero también sus tormentos creativos. Un planteamiento en permanente ebullición conceptual que, desde luego, también tiene su reflejo en la parte formal.

El planteamiento gráfico de Olivares es, directamente, asombroso. Transmite inquietud e imprevisibilidad, y resulta orgánico y cambiante. Recurre a planificaciones de página fluidas, concebidas para marcar tonos y tempos. El tazo es grueso, de líneas simples pero agresivas, casi cubista y rematado por una iluminación dura, enormemente expresiva -o incluso expresionista- y un uso del color bitono, donde predominan páginas en ocre o en azul. También él sabe saltar entre géneros, escorando de lo más riguroso y grave hasta la caricatura humorística siempre, eso sí, manteniendo una cohesión y coherencia interna irreprochables.

El resultado es un tebeo de espíritu clásico pero ejecución vanguardista que evita la hagiografía mientras pretende, y logra, capturar no tanto la vida y milagros de un artista universal como la electricidad, la urgencia, el nervio y el genio del acto creativo, en general.

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