Tras el buen sabor de boca dejado con Nela, aquella aproximación viñetera a Benito Pérez Galdós, Rayco Pulido vuelve con una obra aún más fascinante y absorbente. Una historia oscurísima que transcurre en la Barcelona de postguerra de los años 40, la de la miseria moral, los trapicheos constantes, el decoro autoimpuesto, el control eclesiástico. Una historia que podría encuadrarse en un hipotético punto equidistante a la Nada de Carmen Laforet, el noir de corte detectivesco y la crónica negra tan característica de la época. Lamia está protagonizada por una joven guionista de Ràdio Barcelona que busca a su marido desaparecido mientras oculta lo que parece ser un puñado de secretos más bien oscuros. Es esta una historia a la que le gusta jugar con las falsas apariencias, ese socorrido “nada es lo que parece”. Pero es que no sé de qué otra manera calificar una obra tan condicionada por la mentira, el engaño; tan marcada por unos personajes turbios y una protagonista tan enigmática como aparentemente desequilibrada. Pulido describe una época siniestra donde la mujer tiene un papel casi instrumental (un aliento de reivindicación feminista recorre todo el tebeo) que la condena al ostracismo si osa desafiar mínimamente sus deberes familiares. Un ambiente habitado por degenerados, vecinas chismosas, guardianes de la moral diversos, miembros eclesiásticos podridos por su propio poder, indigentes extraños, medios de comunicación controlados por la Iglesia y hasta un detective dudoso que no duda en echar mano de la hipnosis para lograr sus propios objetivos. Sin embargo, tanta manipulación, tanto secreto, tanta ignorancia, represión y desprecio no hacen de Lamia una obra antipática, deprimente ni desagradable. Al contrario, su espectacular acabado gráfico (de trazo sencillo, blanco y negro expresionista, alucinante planificación y abundantes homenajes al tebeo de vanguardia de los 80) la convierten en todo un placer. Lamia es, efectivamente, un tebeo inquietante y perturbador, pero también arrebatador y arrollador en una lectura que cuando se empieza ya no se deja.