Maria Bamford necesitaba esto. Comedianta en una semipenumbra desde hace bastantes años, la Bamford siempre había apuntado cosas interesantes, pero nunca había tenido la ocasión de demostrarlas. Y eso es lo que se le ha presentado ahora en Netflix, la casa que cree en el talento de algunos cómicos un poco menos evidentes. Ahí están Master of None o The Characters para dar fe de ello. Creada por (cuidadín) Mitchell Hurwitz, de Arrested Development, Lady Dynamite es un vehículo de lucimiento para la actriz. Y sin embargo no es un producto autocomplaciente ni de lejos. Todo lo contrario. La actriz se luce, sí, pero antes que nada se expone. Porque esto es un mockumentary semi-autobiográfico que pretende poner al descubierto las excentricidades del sistema (la ficción americana televisiva), contar cómo una cómica de segunda fila tiene que luchar contra las exigencias de un mercado con tendencia al absurdo y, de paso, penetrar en la mente de su protagonista para mostrar sus inseguridades y desequilibrios. Literales: Bamford fue diagnosticada de un trastorno bipolar y aquí hace un autoexamen, explicando su enfermedad y afrontándola de cara. Pero cuidado, que nadie vaya a tomar esto como un dramón autoindulgente, ni siquiera como un acercamiento riguroso a la psicopatología. Al contrario, Lady Dynamite es única y exclusivamente un aparato de cachondeo infinito basado en la suprema filosofía del wtf. Es una especie de batidora chiflada de géneros y texturas audiovisuales (parodia sitcoms, dramas, formatos publicitarios, y puede funcionar como serie de sketches) que se rige casi única y exclusivamente por la anarquía narrativa hasta conformar un humus cómico que amasa gags brillantes, ocurrencias absurdas, comentarios ácidos o chifladuras tontorronas. Que traspasa constantemente la pantalla en lo que es una mezcla libérrima de invención y realidad, como un Curb Your Enthusiasm meta en un festival de autorreferencias imprevisible y continuo, casi mareante. Un puñado de invitados de postín dentro del mundillo cómico, del tipo Patton Oswalt o Sarah Silverman, echan el resto y certifican que este nivel de arrojo, sofisticación y autoexamen es lo que buscábamos y no habíamos encontrado en la mediocre, decepcionante nueva temporada de Inside Amy Schumer. Así que sí, Bamford lo necesitaba, pero nosotros también.