Julian Barnes es uno de esos escritores capaces de dar mucho usando poco. De hacer parecer, discúlpeseme el topicazo, “fácil lo difícil”. De construir pequeñas historias de las que se extraen grandes aprendizajes. Muy especialmente es así en su última novela, una La única historia de engañosa simplicidad. Todo empieza como una suerte de bildungsroman en primera persona más o menos ligero, narrado por un joven británico en los años 60 que vive de manera más o menos despreocupada, más o menos festiva. Y que conoce a una mujer mayor que él, (mal) casada y con quien comparte partidos de tenis. Del intercambio surge primero admiración, luego amor y finalmente una relación mutua, situada entre la emoción del descubrimiento (él es virgen en estos temas, ella lleva demasiado tiempo alejada de lo carnal) y la erótica de la transgresión social. Ambos aprenden a amar, a confiar en otra persona y a colocar el afecto por encima de todo lo demás: de las responsabilidades familiares y de otras metas vitales más prosaicas.

Pero hacia la mitad de la novela la cosa da un giro un tanto oscuro, todo cobra más peso trágico y los nubarrones se posan sobre una relación que se supone casi idílica. La primera persona pasa a ser segunda y la novela empieza a apelarnos de verdad. Y nos pregunta directamente qué haríamos por amor, o si lo que hacemos por amor realmente merece la pena. Si la rabia, la desesperación, la resignación justifican todo ello.

La única historia confirma una vez más a Barnes como un maestro de la sutileza y como un viajante de lo cotidiano capaz de saltar del humor más fino y subrepticio al drama más sutilmente rotundo. Sus palabras, su prosa cómoda, siempre están surcadas de elegancia y el devenir de los personajes (magnéticos y creíbles) está perfectamente milimetrado. Pero en ningún momento, a pesar de todo ello, parece impostado, ni excesivamente calculado, porque el escritor siempre habla desde el ingenio, desde la empatía y la sinceridad que le otorga una historia tan honesta y triste sobre el amor, sí, pero también sobre el pasado, el recuerdo y la maduración.