A pesar de haber debutado oficialmente con Wizzywig fue Hip Hop Family Tree la obra que puso a Ed Piskor definitivamente en el mapa viñetero. Aquella pretendía glosar la Historia del hip hop en toda su extensión artística, histórica y sociocultural y en su nueva obra vuelve a moverlo una voluntad recapituladora. Porque aquí el autor estadounidense ejerce de cronista de excepción de la primera época de la Patrulla-X, la era pre-“Segunda Génesis”, y construye una especie de kilómetro cero que sirve tanto de guía para no iniciados como de compendio de todos los highlights de la formación creada por Jack Kirby y Stan Lee en 1963. Por eso la columna temática que vertebra esta obra es el gran clásico mutante: la lucha por la aceptación del distinto, la búsqueda de un lugar en una sociedad que repudia a los mutantes desde los inicios del conflicto y el encuentro de un nuevo hogar en el que sentirse aceptado por todos. Piskor cuenta las raíces de Charles Xavier, de Erik Lehnsherr (Magneto) y del resto de mutis destacados desde su nacimiento, y edifica de nuevo un monumento literario que ya conocemos, pero que no nos importa redescubrir. Y lo hace acercando la génesis superheroica alucinógena de Lee y Kirby a la sensibilidad del tebeo indie, de un modo parecido al que emprendieron en su momento Darwyn Cooke (en DC: The New Frontier) o James Sturm y Guy Davis (Moléculas inestables).

Piskor pone en escena una narración que evidencia lo atolondrado de aquellas primeras páginas de los 60, pero también nos recuerda que eran una auténtica metralleta de ideas locas y ocurrencias geniales. En lo gráfico apela a todo ello, mirando hacia la tradición tebeística de la Edad de Plata, y le imprime su estilo propio del cómic de autor norteamericano sin ahorrar en soluciones visuales algo más atrevidas, algunas francamente interesantes. Se recrea en la descripción física y psicológica de los mutantes y demuestra no sólo un amplio conocimiento sino, especialmente, un amor por el medio en general y por Marvel en particular. Un cariño que trasciende las páginas y contagia al lector apelando a aquel tan propio sentido de la maravilla, entre lo naïf y lo chiflado (aquí postmoderno), que a menudo parece olvidado en el tebeo superheroico actual. Una lectura, en fin, agradecida, sorprendente y emocionante plasmada en un primer volumen (vendrán más: la Segunda Génesis está a la vuelta de la esquina) de devorado veloz y presentación exquisita.