Uno de esos debuts que cuesta creer que lo sean. La bruja es, dejémoslo claro desde un principio, la mejor película de terror que se estrenará en este país en 2016 y probablemente una de las más relevantes de lo que llevamos de década. Y si es así es gracias al dominio absoluto de un director que, como digo, parece curtido en el género tras una carrera muy larga. Pero no. Robert Eggers acaba de llegar y en su carta de presentación ya muestra un pleno dominio sobre las herramientas del género, con una precisión y una autoridad incontestables, para facturar una experiencia que trasciende lo intelectual, que a golpe de imágenes impactantes, de atmósferas soberbiamente construidas, se escapa de sus propios postulados, de lo que podría aparentar sobre el papel. Una familia de colonos calvinistas instalada en la Nueva Inglaterra del siglo XVII se enfrenta inesperadamente con la eclosión de un mal que se encuentra latente en el bosque y se manifiesta a través de la naturaleza -pervirtiéndola- y, probablemente, pueda llegar a poseer a las personas. Con esta premisa simple el director enarbola un discurso primario, atávico, sobre las supersticiones y temores que rodean la batalla primera: la del bien contra el mal, la fe contra lo demoníaco, la humanidad contra la sinrazón, la luz contra el caos. Lo celestial contra lo carnal, lo sexual, lo mortal, lo sangriento. La bruja es una película de un ritmo espeso, un viaje de silencios que dan paso al ruido más insoportable (al chillido, a la guturalidad propia de los akelarres), sólo para volver de nuevo al silencio (del bosque, del reproche en la mirada). Y también es una propuesta visual de una plasticidad asombrosa apoyada en un trabajo de fotografía e iluminación que, lejos del exhibicionismo, aturde por su sequedad, por su juego de luces y sombras durísimas. Ello da pie a una construcción simbólica basada en los miedos cervales del hombre frente a lo sobrenatural y a una colección de momentos memorables que cuesta, por mucho que se intente, borrar de la memoria. Una película de terror, psicológico y físico, modélica. Perversa, perturbadora e insoportablemente inquietante.