Si literalmente cualquier tema puede estar sujeto al escrutinio de los buenos cómicos, la cuestión racial siempre ha sido una de las dianas de la sátira y la ironía por parte de algunos de los mejores showman afroamericanos. Eddie Murphy sabía de ello un rato. Y antes de él, Richard Prior. Precisamente de ellos recogían el testigo Jordan Peele y Keegan Michael Key para su brutal y añorado Key & Peele, skitcom -o comedia de sketches- surrealista que no se cortó un pelo a la hora de ironizar entorno a temas graves y poner dedos en llagas aún supurantes, de la esclavitud al nazismo. Y que del mismo modo tomó el pulso a las conductas urbanas más cotidianamente absurdas: sus sketches eran un torbellino que combinaba comentario social con sátira entorno a los medios de comunicación y su relación con la condición afroamericana. Comedia inquietante cercana al suspense o incluso el terror con parodia cinematográfica tronchante (algunos de ellos con una factura técnica notable). Intercambios hiperverborreicos con humor gestual.

A menudo el gran triunfo de Key & Peele no era que afinaran grandes punchlines, ni que facturaran gags redondos, ni que construyeran sofisticadas estructuras cómicas. Sino que, simplemente, lanzaban personajes absolutamente memorables basados en actings cómicos inconmensurables y que justificaban la carcajada por sí solos. Construían escenas surrealistas y las poblaban de personalidades límite que básicamente dinamitaban cualquier statu quo de lo que solemos percibir como realidades más o menos convencionales. Desde ese protagonista negro de una imposible -y caucásica- serie “de poli con poderes paranormales” que resolvía escenas del crimen masturbándose en medio del equipo forense hasta el profesor obsesionado con “afroamericanizar” el nombre de todos sus alumnos blancos. Desde el ya célebre “traductor de cabreo” de Obama hasta el inquietante apasionado de las comodidades en hoteles y aviones. Desde los aparcacoches cuñados hasta esa pareja gay formada por “un serio y un tarambana” que ponía de relieve la esquizofrenia inherente a una sociedad que desea guardar su intimidad y explotar sus propios trapos sucios al mismo tiempo.

Y así habitaba en este mundo Key & Peele. Entre la incomodidad y el histerismo cómico. Cada uno pudo extraer de ella lo que más le convenía, y si no fue la comedia racial definitiva, por lo menos sí fueron cinco años de chifladura constante al servicio de dos de los mejores cómicos afroamericanos de esta generación.

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