Supongo que con los cuatro LP’s de Manel publicados hasta la fecha habrá poco consenso. A pesar de no haber hipotecado jamás su personalidad única han sido tan notables los cambios de un disco al otro que cada uno tendrá sus mejores y sus peores. En mi opinión, los tres primeros experimentaron -siempre volando a un nivel envidiablemente alto- una curva descendente: el segundo sacrificaba cierta magia efervescente del primero en favor de una producción más detallada. El tercero los constituía como una banda de rock mucho más clásica -y convencional- de lo que se mostraron en el segundo. Pero ahora llega un cuarto y confirma algo que, a pesar de todo, siempre tuvimos claro: que Manel son una banda inquieta y ajena a cualquier inmovilismo. Porque ahora, con Jo competeixo el cuarteto expande su sonido visitando texturas que permanecían inéditas en su universo y ofrecen una policromía más amplia que nunca. Este es un disco variado, que sube y baja sin complejo y que ofrece ingredientes casi siempre apetecibles. Hay electrónica pop bien integrada en el discurso maneliano, dentelladas eléctricas atmosféricas (“Les cosines”), citas a Radio Futura y a Peter Gabriel (que no sonarán ajenas a quien haya seguido al grupo paralelo The Seihos), momentos de épica contenida (“Arriba l’alba a Sant Petersburg”) y hasta un homenaje a Juan Luis Guerra a ritmo de reggaeton soleado (“La serotonina”). A pesar de todo, de nuevas inquietudes y exitosos experimentos sónicos, persiste ese corazón de canción mediterránea que estallaba en Els millors professors europeus y que los ha acompañado durante los tres discos siguientes. Aquí se mantiene esa combinación de letras péticas con naturalistas, evocadoras (de sensaciones, de tiempos pasados, de sentimientos hogareños), articuladas en esa especie de catalán de escuela de pueblo (lo digo con todo el cariño) con el característico fraseado arrastrado pero autoritario de Guillem Gisbert. Una cualidad lírica que viene a ser el auténtico corazón de Manel, suenen a lo que suenen. Y aquí, aunque se esfumó esa magia despistada del principio, siguen sonando maduros, ricos y con más fuerza que nunca.