Pez gordo en los entornos del cómic underground USA (quizá ya no tan underground) Adrian Tomine siempre ha estado, por lo menos en nuestro país, en un algo desvaído segundo plano en comparación a figurones como Daniel Clowes, de quien sí es cierto que parece haber aprendido -y aprehendido- mucho. Y es una auténtica injusticia, especialmente tratándose del autor que ha goteado con los años tantas muestras de elegancia y que, directamente, a tantos nos cambió (un poquito) la vida con el soberbio Rubia de verano. Una exquisita colección de retratos que, tristemente, figura como de lo poco publicado en nuestro país de entre su ya de por si escasa obra. Intrusos es el más reciente recopilatorio de relatos del californiano y una nueva muestra de que a veces las cosas sorbidas a cucharaditas entran mejor. Porque estos relatos piden reposo. Uno puede empacharse de ellos, claro, pero luego corre el peligro de exponerse a una pequeña gastroenteritis mental. Porque no habrá procesado lo mucho que Tomine tiene por contar y porque el discreto miserabilismo que empapa algunos de los personajes que por aquí describe puede resultar un tanto destructivo. Son seres patéticos, o mezquinos, o buenos pero tristes, o buenos pero de comportamientos mezquinos porque se sienten tristes. O solos. O acompañados, pero infelices. Un rosario de vidas que deberían estar cruzadas (o eso queremos pensar) y que remiten, de alguna manera a ese patetismo que tan bien describe Clowes. Patetismo tratado sin paternalismo pero sin juicios de valor y que rebuscan en nuestro propio interior. Claro, nosotros no nos sentimos identificados con esos personajes, porque nosotros somos mucho más guays, mucho más sociales y mucho más equilibrados. Claro. Pero cuidado, al mismo tiempo ¿cuántos de nosotros nos atrevemos a llevar más allá un sueño, por loco que parezca? Pues estos tipos de Intrusos sí son capaces, aunque luego las consecuencias puedan ser devastadoras: dedicarse a los monólogos a pesar de tartamudear y tener la gracia alojada en el trasero, cultivar (nunca mejor dicho) el arte de la hortiescultura (híbrido insensato de escultura y poda de setos) o reconquistar clandestinamente un piso que ya ha cambiado de dueño. Y vuelvo a Clowes para desdecirme: realmente casi nadie en este mundillo está a su altura -seguro Chris Ware y Seth, probablemente alguno más-, pero Tomine merecería un poco más de cariño por aquí e Intrusos, a pesar de sus evidentes deudas estilísticas, es una buena prueba de ello.