[Nuestro propósito para 2019 es pasarnos el año recuperando todos aquellos libros, películas, discos, cómics, series y videojuegos que nos parecen más relevantes para elaborar un hiper-ranking que desgranará lo mejor de los últimos diez años. Intemperie es el primer libro de nuestra lista]

Parece ser una frase recurrente, especialmente en las promociones de debuts literarios, la que reza que tal obra “representa el surgimiento de la nueva voz que las letras hispánicas necesitaban”. Es un cliché y un anzuelo publicitario, sí. Pero de algún modo Jesús Carrasco se las apañó con su Intemperie para que, por lo menos, pareciera que él posee esa voz. Una voz que recuerda a otras tantas, sí, pero que construía un discurso de tal fuerza expresiva, técnica y formal, que no cabía sino rendirse a lo que aparentaba ser un arrojo infinito para una obra casi totémica. Especialmente, insisto, viniendo de un debutante.

Se comparó en su momento a esta novela tremenda con los textos de Faulkner. De Cormac McCarthy. Y eso también era cierto. Las palabras de Carrasco son tan secas, tan áridas como los parajes rurales que describe. Sus personajes transitan esa existencia marcada por los mismos instintos de supervivencia primaria, por esa humanidad que se ve obligada a salir a flote entre tanta inclemencia, entre tanta violencia instintiva. La narrativa de Intemperie es serena pero arrolla. Se muestra fuera del tiempo, en un universo ibérico que parece congelado en algún momento indefinido de la historia, pero remite a un pasado ajeno a la vida urbana, a las comodidades (a veces innecesarias) de la modernidad.

La prosa del autor, lo siguió demostrando en su posterior (y también apreciable) La tierra que pisamos, es eléctrica, arrolladora en su austeridad. Resulta sabia, precisa, rica en léxico y muy descriptiva… pero también urgente, como necesitada de siempre avanzar sea como sea, llevándose al lector por delante. Sin tiempo que perder en adornos, recreándose en el entorno con precisión, pero quedándose con lo básico para construir su universo: los personajes son figuras esenciales y se describen casi como arquetipos universales (“el niño”, “el alguacil”, “el viejo”). De este modo el relato resulta contundente, poderoso y extremadamente fibrado.

Al poco de ser publicada la novela le llegó a Carrasco el éxito, el saludo crítico y los premios a libro del año. Fue traducida a varios idiomas, adaptada al cómic y sus derechos fueron adquiridos para una futura traslación cinematográfica. Pero a pesar de todo, a pesar del reconocimiento masivo, Intemperie mantiene ese aura de texto insondable, áspero y casi estudiadamente antipático. El halo de sacralidad que acompaña tantas obras que discurren por sus propios cauces narrativos.

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