Con el peso de unas expectativas desmedidas recayendo de nuevo sobre sus hombros, The xx encaran un tercer disco que se preveía, de entrada, tan complicado como el segundo. Es lo que tiene deslumbrar con un debut y no estrellarse en un second coming mucho menos memorable pero aun así notable. Pero también lo que tiene que esa segunda referencia no mutara demasiado su discurso de raíz. Ahora planeaba sobre ellos la posibilidad no sólo de bajar el listón sino también de empezar a repetirse y convertirse en fórmula. Afortunadamente, los británicos siguen siendo ellos mismos… pero han variado un poco el enfoque. Un proceso de oxigenación que no sé si gustará a todos pero que desde luego es poco habitual en una banda tan joven. Tan raro como el concienzudísimo rigor que caracterizaba el negro puro que teñía su discurso cuando no hacían más que empezar. Y es que tras el tratamiento cromático que supuso el enorme In Colour -obra maestra en solitario de Jamie XX, motor rítmico del trío- ahora en The xx entra mucha más luz. Este tercer disco hereda de aquel un enfoque más bailable que aleja un poco más la posibilidad de caer en el engolamiento, en la excesiva ceremoniosidad. Siguen siendo atmosféricos, hondos y solemnes, sí, pero ahora también más capaces de apelar a otras emociones más viscerales en las que no sólo intervienen los fraseos encadenados, heridos, de Romy Madley Croft y Oliver Sim -ambos mejor que nunca- sino también la efectividad rítmica de las maquinitas de Jamie. Un torrente expresivo compuesto por (aun más) ritmos profundos (“Brave for You”), riffs electrónicos que no desentonarían en una rave emo (“Dangerous”), samples (“On Hold”) y delicados crescendos destinados a desencadenar delirios introspectivos. Una abertura en la paleta que da nuevas posibilidades a un repertorio lírico que se mantiene descarnado y directo. Que sigue ahondando en el amour fou (“Dangerous”), en la pulsión fisiológica del amor (“Lips”) o en la desesperación por mantener la compostura ante el desencanto (“Performance”). En casi todo momento entonando la segunda persona, siempre encarando un salto peligroso, sólo cayendo de pie.