No es, o no parece, precisamente algo nuevo Hyper Light Drifter. Sus mecánicas son bastante estándar y su estética pixel art se encuadra en esa tendencia indie actual de homenajear sin disimulo los juegos de la era 16 bits. Y, sin embargo, estamos ante uno de los títulos imprescindibles lanzados en el primer trimestre del presente año. Porque este, de algún modo, es un juego realmente especial. Claro que de entrada parece que no inventa nada, pero lo que hace lo hace de manera brillante gracias a una ejecución exquisita: su gameplay remite a los RPG de acción clásicos y resulta tan fluido, intuitivo y medido como sus mejores exponentes. Aquí el jugador apenas sabe nada de salida (de hecho el escatimarle información mascadita e ímputs de contextualización claros es el modus operandi generalizado: prima el descubrimiento); no conoce nada ni en jugabilidad ni en lore, pero milagrosamente la lucha por sobrevivir termina conllevando un proceso de aprendizaje. Poco a poco vamos descubriendo que somos un personaje enfermo, luchando por sobreponerse a su propia condena, y que nos rodea una historia trágica, enorme, casi cósmica, que se narra en pequeñito y sin palabras, sólo con imágenes y a través de un diseño de niveles muy, muy bonito. El jugador se desplaza por un escenario en 2D descubriendo secretos, rebanando enemigos, muriendo una y otra vez, frustrándose y aprendiendo a planificar sus ataques. Un entorno que hechiza, que nos transporta hacia un mundo con innegables reminiscencias de otros, pero al mismo tiempo completamente nuevo, construido a partir de una estética de civilizaciones perdidas con conocimientos técnicos mucho más avanzados que los nuestros, a medio camino de lo mágico y lo tecnológico. De algún modo, y para entendernos, esto parece como como si a Phil Fish (Fez) le hubieran encargado el nuevo juego de Supergiant Games (Bastion, Transistor). Un festín de pixels que pronto supera a su engañoso minimalismo visual para cimentar un diseño artístico maravilloso, de los que invitan al jugador a volver una y otra vez. Y es exactamente eso lo que ocurre con Hyper Light Drifter, que se nos ha pegado y no nos quiere soltar.