Parafraseando a los Flight of the Conchords, Taika Waititi probablemente sea el cuarto mejor director cómico de Nueva Zelanda. El chico se fogueó con ellos, con los Conchords, y dio el salto a la gran pantalla acompañándose de su 50% (Jemaine Clement) en Eagle vs Shark. Luego vino Boy y posteriormente ya el delirio de Lo que hacemos en las sombras, tronchante mockumentary sobre cuatro vampiros que comparten piso en la Nueva York contemporánea. Pasado mañana Waititi dará un volantazo hacia el mainstream planetario dirigiendo la tercera (y presumiblemente mejor) entrega de Thor para Marvel. Antes, toca ponernos a salivar aún más con Hunt for the Wilderpeople, una excéntrica aventura que ha resultado ser una de las mejores comedias de lo que llevamos de año. Esta es la historia de un niño sin rumbo vital y un huraño anciano de luto que terminan luchando por su propia supervivencia en un bosque neozelandés. Una especie de buddy movie que tiene parte de survival forestal, parte de parodia de thriller de caza del hombre y mucho espíritu de cine de aventuras clásico. Un ejercicio homenajístico que toma un punto de partida que remite al de Up, pasa a ser un Acorralado de bolsillo, recuerda a un Deliverance de buen rollo y en todo momento apela a un cierto cine de los ochenta, encuadres y uso de sintes mediante. Y que por el camino se va desplegando como una historia de entendimiento y respeto tan hilarante como entrañable. Y aunque la ironía está siempre presente, Hunt for the Wilderpeople habla sobre temas mucho más espesos de los que su resorte cómico puede sugerir: la soledad, la necesidad de compartir la vida con otra persona, la búsqueda de la identidad y de la felicidad y la superación del dolor empapan un guión que poco a poco va tomando espesura dramática. La realización de Waititi evoca un cierto kitsch retro que refuerza su espíritu humorístico basado en el absurdo, en el distanciamiento cómico. Y las estupendas, compenetradas interpretaciones de Sam Neill y el chaval Julian Dennison terminan de empaquetar un conjunto de elementos a priori algo heterogéneos que sin embargo, gracias a la poderosa personalidad de Waititi, casan a las mil maravillas en un todo compacto y sólido. Pequeña joya.