Human Performance empieza con un rasgueo de guitarra que puede estar sonando hoy en tu cuenta de Spotify o podría tener su origen hace cincuenta años. Es un detalle aparentemente menor, pero en pocos segundos condensa lo que nos espera por delante: un tercer disco (primero grabado para -cuidadín- Rough Trade) que sigue subiendo el caché artístico de los de Brooklyn y que irremediablemente se cimentará en una concepción del rock abierta a influencias y préstamos bien asumidos para una sólida construcción de personalidad propia. Así, Parquet Courts prosiguen en la senda que emprendieron con Light Up Gold y Sunbathing Animals, ya poseen un estilo reconocible y personal y, al mismo tiempo, se dedican a guiñar con inteligencia. Human Performance es un festín agudo y a ratos punzante de letras irónicas enmarcadas en un tapiz vivo, orgánico y altamente adictivo. Los fraseos de Andrew Savage suben y bajan por entre una montaña rusa de ritmos, muchos aún afines a lo que definirían como “Americana Punk”, se funden con los calambrazos de guitarra o se diluyen entre las brumas de baladas cuasifolk. Y los tipos tan pronto suenan a The Velvet Underground o a The Clash como coquetean con sonoridades de rock fronterizo, se lanzan a una especie de rapeado en «Captive of the Sun» o hacen una llamada a James Murphy en una «One Man, No City» que termina en un interesante desarrollo de rock despeinado. Lo de Parquet Courts es un tratado de caos controlado y melodía certera que resulta en una mezcla infecciosa, a ratos saltarina («Two Dead Cops»), a otros hipnótica («It’s Gonna Happen»), pero siempre importante: en lo musical su eficacia es obvia, pero es que en lo lírico Parquet Courts tampoco dan puntada sin hilo: las letras suenan emotivas, altamente literaturizadas, comprometidas o simple (y conscientemente) descolocantes. En cualquier caso siempre cuidadas e inteligentes. Paso de gigante para unos tipos que hasta ahora tampoco se estaban quedando precisamente atrás.