Zas, de golpe y sin avisar, Louis CK nos alegró el año. Mientras esperamos muy yonkis el retorno de la que probablemente sea la mejor comedia (o algo así) en antena, nuestro cómico cabrón de cabecera se desmarcaba hace un par de meses con una nueva serie, rodada en secreto y estrenada por sorpresa. Sin preaviso y sin foreplay. De un sábado para otro nos enterábamos que Horace and Pete había nacido, que estaba destinada en principio a los subscriptores de la web de CK y que todo el mundo podía verla previo pago de 5 dólares el piloto y algo menos por los subsiguientes episodios. ¿Y ha cumplido esas expectativas exprés? Bueno, sí, claro, pero cuidado. Es probable que los amantes de la fina construcción narrativa de Louie, siempre imprevisible, sorprendente y libérrima encuentren Horace and Pete algo cruda. Pero es que esto es un producto distinto. Como una especie de Cheers melancólica, la serie transcurre en un bar familiar donde una serie de satélites (los feligreses de la birra) se desplazan entorno a tres personajes principales, interpretados por Alan Alda, Steve Buscemi y el propio Louis CK, a quien pronto se sumarán otras bestias como Edie Falco, Jessica Lange o Laurie Metcalf. Lo realmente curioso es su planteamiento escénico: con un trabajo de guión depuradísimo Horace and Pete está presentada como una suerte de obra teatral filmada, lo que nos retrotrae a aquellas maravillosas piezas de Playhouse 90. O de Estudio 1. Minería sentimental, personajes tridimensionales, conflictos que se perciben como reales y que nos ponen contra las cuerdas de la moralidad a nosotros, los espectadores. Diálogos directos, secos, pero magistralmente escritos. Cuando los hay. Porque a menudo Horace and Pete se construye entorno a los silencios, las miradas agrias, los reproches verbalizados o no, y se erige como una nueva muestra de humanismo en televisión (o por lo menos en pantalla: esto propiamente no es tele) francamente rara de ver en el panorama actual. Y aunque en ocasiones aparece cierta ternura y una conexión única entre los personajes, Horace and Pete es incómoda en muchos de sus momentos, a menudo anticlimática, pero logra conectar con un espacio en el espectador que parece algo olvidado y poco explorado en la ficción seriéfila que más solemos consumir.

 

Trailer de Horace and Pete