Kill ListTuristasA Field in EnglandHigh-Rise. Ben Wheatley parece haber emprendido un camino hacia la abstracción desde un cine de género más o menos convencional hacia un nuevo territorio más hermético e indescifrable. Así es -y en el fondo no podía ser de otra manera- esta adaptación de la novela de J.G. Ballard Rascacielos, un trip alucinado no apto para amantes del orden y el sentido común. Esta caricatura social de aires kafkianos nos sitúa en un contexto de apocalipsis urbano, en un enorme edificio donde todo parece ir demasiado bien hasta que las cosas terminan yendo demasiado mal. El orden obsesivo, parece decirnos Ballard a través de la cámara de Wheatley, sólo puede generar caos impulsivo y así este doctor con la cara de Tom Hiddleston que se instala en el dichoso bloque descubre que todo lo bonito oculta siempre algo repelente. Cosas de la alta sociedad, cosas de los problemas del primer mundo. Cosas de los impulsos anárquicos, los deseos suicidas, los instintos más primarios reprimidos. De las orgías de sexo y sangre y de la gente que termina comiendo perro a la brasa. Así Wheatley apela a un orden social ficticio y ortopédico, propio casi de El Prisionero, arma una fábula distópica en crescendo macabro trufada de un humor muy siniestro y se coloca, en términos de extrañeza y onirismo, al lado de su compatriota Richard Ayoade, cuando este adaptaba a Dostoievski para El doble. Puestos a buscarle novios, también podríamos poner a jugar a Wheatley en una liga en la que igualmente figuraran Peter The Duke of Burgundy Strickland y Shane Upstream Color Carruth, practicantes de un cine sensorial y desligado, en mayor o menor medida, de las convenciones narrativas. Porque High-Rise es, ante todo, una aguda excentricidad, un delirio estético y la confirmación de Ben Wheatley como satélite extraño que orbita alrededor del cine independiente pero traza elipsis imprevisibles. Que en este caso pasan por estudios de anatomía patológica, vapores tóxicos, gaviotas, lujo, bauhaus y futurismo escacharrado. Le perdonamos los excesos si con ellos nos sigue sorprendiendo.