Un grupete de naturistas de la tercera edad sonríen afables mientras miran a cámara con cierto orgullo desvergonzado para la portada de Goodness, tercer disco de The Hotelier que llega tras su celebrado Home, Like Noplace Is There. Es la cara visible de un libreto que captura moderadamente bien la esencia de este disco infeccioso que articula un discurso de aparente descaro para en seguida sorprender con un sonido que suena (maravillosamente bien) a experiencia y reverencia por lo clásico. Siendo “lo clásico”, en este caso, el post-hardcore y la escena emo de los 90. Aquello que tan bien canalizaron Sunny Day Real Estate -en realidad una de las tres mejores y más imprescindibles bandas que surgieron de ahí- y que aquí recuperan los de Massachusetts. Retoman ese sonido, esa urgencia punk al servicio del desgarro emocional, y lo barnizan de un sentido más pop de la melodía que logra evitar -por poco pero lo logra- un resultado con tendencia hacia lo que en aquellos entonces se dio en llamar AOR. Curiosamente el resultado no suena apergaminado, ni mucho menos falto de personalidad. Christian Holden logra entretejer una colección de letras profundas y sentidas que resultan en algunos casos meridanas, en otros directamente herméticas, y que reflexionan sobre el paso del tiempo, la inminencia de la muerte, el sentimiento de desprotección y pequeñez en un mundo demasiado complejo o el peso de los errores del pasado. E imprime en su interpretación vocal una energía y pasión irrenunciables mientras el resto de la banda aportan contundencia rítmica (la batería de Sam Frederick) y descarga eléctrica (Chris Hoffman, guitarra). Goodness suena urgente y luminoso. Físico e irresistiblemente melódico. Sencillo pero no simple, como esos naturistas curtidos. Radiante. Pisa el freno en momentos clave (tres breves interludios titulados con unas coordenadas y la pequeña balada a piano “Fear of Good”) y de pronto vuelve a estallar en una bola de fuego y humo que pone las pilas sin que tenga uno la sensación de estar quemando todas sus naves: Goodness se rinde a lo visceral, pero nunca sacrifica lo neuronal. Dicho de otra manera y apelando a otro viejo tópico: saltos y cabeceos, pero con lágrimas en los ojos.